1/3/15

Magic masala

Rajendra me dijo esta mañana que en Udaipur -donde en esta época del año siempre hay sol- llueve porque en Afganistán hubo un gran ciclón. Rajendra es el encargado de la guest-house donde me hospedo y sospecho que está inventando para hacerme reír. Lo cierto es que en Udaipur llovizna, hace frío y a mí me duele la garganta. En una tienda me vendieron un jarabe ayurveda color morado; en otra, una doctora homeópata envuelta en un precioso sari me dio globulitos. Con el shawl con el que normalmente me protejo del sol enroscado en mi cuello, mi campera de los Himalayas y un paraguas comprado en la lejana Kochi salgo a la calle. Camino entre havelis pintadas de rosa y azul, templos y vacas, pasan a mi lado cabritos, burros y un elefante. Los bazares, siempre atestados de gente, están semidesiertos. Sólo los joyeros trabajan olvidados de los truenos y el mal tiempo. En sus sucuchos, sentados en el suelo y doblados en dos, miran a través de grandes lupas y engarzan piedras a brazaletes de oro y a la plata. En la Torre del Reloj giro hacia el lago. Los palacios de los marajás, sus siluetas dibujadas en las aguas quietas, tienen las cúpulas veladas por nubes violetas. Un viento arremolinado baja desde las sierras que rodean a Udaipur y me roba el paraguas. De pronto me digo que sólo un curry me va a salvar. Entonces cruzo el puente que va de Lal Ghat a Hanuman Ghat y entro en Queen Café.
Humea la plancha caliente donde se tuesta el chapati y huele a jengibre y limón. El local es humilde y diminuto; dos mesas al fondo bajando cuatro escalones, dos mesas de patas cortitas con almohadones en vez de sillas en un entrepiso bajito. Todas están ocupadas, así que el dueño, un hindú de hermoso pelo plateado, me hace lugar en la mesa donde él se sienta a hacer las cuentas. En seguida se presenta Meena, su hija, y sobre el mantel cubierto de papelitos con comandas anotadas en hindi, me sirve un Pumkin curry, considerado en Udaipur como el mejor del mundo.
Meena me mira comer. Le cuento que apenas puedo tragar, me duele la garganta. Entonces me trae un platito con una mezcla de 36 especias hecha por ella a la que bautizó “Magic masala”. Eat on top of the curry, on top of the chapati, me dice. Espolvoreo, saboreo, lagrimeo. Los ojos rojos, los labios inflamados, el magic masala destapándome los oídos, corriéndome por las venas, anestesiándome la garganta, caldeándome el cuerpo desde la cabeza a los pies.
Llovizna sobre la ciudad rosa y azul; vuelvo a mi guest-house. Le digo a Rajendra que creo que estoy curada. Él me dice contento que mañana el sol le ganará a la lluvia que no sé cómo llegó a Udaipur desde el lejano Afganistán.

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