3/10/14

Y entre tantas cosas, una historia de amor

Ensimismada, atrapada por sensaciones sobre las que quería escribir y no podía, desde Allepey, a través de un mar de palmeras, bananeros y cafetales, viajé en un sleeper train a Varkala. Apenas iluminados por débiles luces de neón, los compartimentos tenían las ventanas empañadas y estaban llenos de pasajeros que venían de Mumbai. Llevaban en el tren más de 35 horas, sin embargo se movían al compás del suave traqueteo con total parsimonia, sin demostrar el menor cansancio. Después el cielo se puso violeta y diluvió aunque el monzón ya terminó, después –siempre la ropa, la piel y el pelo húmedos-, caminé bajo el sol otra vez ardiente y velado por la bruma a lo largo de los impresionantes acantilados de Varkala. Pero nada de eso me conmovió, porque yo sólo pensaba en cómo escribir sobre el amor en la lentitud de los trópicos.

Iba perdida, iba a deriva.

Siempre bordeando el mar Arábigo hacia el sur llegué a Trivandum, la capital de Kerala. El tuc-tuc que me llevaba dio muchas vueltas hasta encontrar la guest house donde habia reservado, llamada Varikatt. Rodeada por un jardín antiguo lleno de flores, aunque extrañamente enclaustrada entre altos edificios, la vieja casa tenía un aura de lejanía y misterio, como si perteneciera a otro mundo. Al otro lado del portón me esperaba Mr Roy, un coronel retirado que guerreó en la frontera entre Kashmir y Pakistán y fue herido en Bangladesh. Siempre secundado por su asistente Anil, ex soldado nacido en Haryana, me mostró mi habitación y los salones de la casa, intactos a pesar de sus 150 años. Le dije que Varikatt era una auténtica joya, entonces me invitó con una taza de té y comenzó a contarme una historia de amor.

El tiempo súbitamente detenido en la galería sombreada por esteras, los ventiladores arrullando la mañana, los cuervos, el ruido de la calle más allá del portón de madera. Y la voz melodiosa de Mr Roy, su inglés perfecto y ese encanto innato, irresistible, de los buenos cuentacuentos: “La historia de Varikatt comienza en 1850 en Inglaterra, cuando Miss Bluncket escucha en el Yorkshire Club los relatos de Mr Brown, un tea planter recién llegado de India. Aunque jamás tienen la oportunidad de cruzar una palabra, cuando Mr Brown sorpresivamente regresa a Munnar -una región agreste en las colinas de Kerala-, Miss Bluncket, perdidamente enamorada, decide seguirlo. Entonces compra un pasaje en un barco a vapor cuyo destino final era Kochi, y navega durante seis meses hacia los trópicos…”

La historia de Miss Bluncket y Mr Brown continuó y se encadenó con otras historias. Las noches pasadas en un hoyo cavado en la nieve en la frontera de Ladakh y China, la avanzada de los pakistaníes sobre Kargil, las huellas de un tigre en las selvas de Bengal. Sentada en una vieja silla de rattan, con los codos sobre la mesa de la galería, yo escuchaba fascinada, sabiendo al fin que mi deambular de viajera me había llevado al lugar correcto, que a veces el viaje no es un paisaje, ni una ciudad, sino una sola persona.

No escribí sobre el amor en la lentitud de los trópicos, aunque quizá lo haga algún día. No hizo falta, porque lo imaginé todo el tiempo que pasé en Varikatt. El sur de India es intenso, tremendo. Las lluvias, los relámpagos, los truenos, los cielos, los amaneceres, la música, la bruma, el calor agobiante, los palmerales, los ríos, los arrozales, los cafetales, las siestas largas, los silencios, su lentitud y los sueños. Así debe ser el amor.

2 comentarios:

Paco Piniella dijo...

Ya te lo he dicho en Facebook, que cuando se te lee es difícil escribir para un blog de viajes, pones el listón tan alto.
Saludos viajeros
El LoBo BoBo

Antonio Bueno dijo...

Hace tiempo que te sigo, al igual que a otros compañeros blogueros y viajeros, pero cuando te leo, no solo veo los lugares que visitas, me adentro en lo que sientes por este mundo tan apasionante que es el viajar.

Saludos desde Sevilla
Antonio