24/3/13

Cosas mágicas

Hay dos personas en esta Tierra a las que quiero más que a mí misma. Una es un varón a quien yo llamo mi sun en vez de son porque como sea y desde donde sea me ilumina. La otra es una luna perlada en el cielo oscuro. La luna ha viajado conmigo incontables veces; nos hemos reído mucho y nos hemos, también (ella mucho más que yo), padecido. Mi primer viaje a India lo hice con ella-la luna, y ahora que estoy nuevamente aquí la recuerdo más que nunca. Es como si ese viaje hubiera sido hace una eternidad y al mismo tiempo ayer. Las dos hemos cambiado; yo soy una mujer-madre que se encamina hacia la tercera etapa de la vida y ella es una mujer-hija que sólo de vez en cuándo se permite, conmigo y a solas, ser por un rato una niña.

Hace tres días recibí un mensaje suyo. En él me decía que no me olvidara de llevarle esas cosas que tanto le gustan a la luna. Piedras extrañas, maderas lavadas por los ríos, trocitos de corteza de árboles, musgos secos, hojitas de plantas exóticas, agua del sagrado Ganges, fósiles si hubiera. En fin, terminaba el mensaje cortito y conciso, vos sabés, cosas mágicas.

Cosas mágicas; hubiera sido más fácil que me pidiera una pashmina. Pero yo doy la vida por mi sol y mi luna, así que desde hace tres días sólo pienso en hallar maravillas de ésas que tanto ansía la luna.

Y lo que ha sucedido es notable. Buscando eso que la sorprenda y la haga feliz encuentro cosas mágicas en todas partes. No sólo lo que he hallado hurgando durante horas en los bazares y a orillas del Yamuna o el Ganges. Me refiero al aire, a los olores, al viento, a los sonidos, a las campanas de los templos, al graznido de los cuervos, al chillido de los monos, al sol reverberando sobre los palacios carcomidos de Benares, a las pujas encendidas navegando a la deriva por el río, al traqueteo del tren que me adormece, al sabor de la comida, al silencio al que me entrego durante horas, al viajar sin tiempo, al no saber a dónde iré mañana, cuántos días me quedaré aquí, cuántos allá.

Cosas mágicas, todo es magia. Estoy a orillas del Ganges, al norte de Benares, a pocos kilómetros de su nacimiento. En mi primer viaje estuve aquí con la luna. No sé si fue el recuerdo, tal vez no, probablemente no, tal vez sólo la magia; pero esta mañana cuando atravesé el puente sobre el río me puse a llorar y no pude parar. El Ganges corría rápido, limpio y transparente, el viento agitaba las campanas de los templos y los árboles en las montañas relucían un verde nuevo.

Cosas mágicas ma, vos sabés.

El sol y la luna me dicen ma.

3 comentarios:

el viajero impresionista dijo...

La magia aparece donde y cuando menos se la espera; a veces otros son portadores de ella. No hay que buscarla, llegará a nosotros a su debido momento.

Ses dijo...

Realmente será un regalo maravilloso, a ver si tienes suerte, porque es difícil elegir entre tantas cosas mágicas.

Aniko dijo...

este post ya es un regalo mágico...