21/11/12

Shwedagon Paya, Mama y Aung San Suu Kyi

Deambulo por Yangon desde hace tres días y ya sé que hay cosas que serán una constante mientras esté en Myanmar: el día empezará antes de las 6 de la mañana y acabará a las 6 de la tarde, me servirán fried noodles para el desayuno, será difícil comunicarme con la gente porque casi nadie habla inglés, no podré saber dónde estoy porque todas las indicaciones (de lo que sea) están escritas sólo en birmano. A esto hay que sumarle que internet funciona poco y nada, que nadie me cambiará algunos de los dólares que traje porque tienen una leve marca o doblez o están invisiblemente gastados, que el almuerzo y cena estarán eternamente basados en tamin (arroz) hervido y me dejarán siempre un decepcionante sabor a poco. En Myanmar no existe el pan o algo que lo reemplace (como el chapati y el naan indios) y el chocolate -que tanta felicidad me produce- no es fácil de conseguir. Tampoco es fácil compartir experiencias e información con otros viajeros, simplemente porque hay muy pocos (y mucho menos viajando en solitario); esto hace que recuerde constantemente que mientras Tailandia recibe 14 millones de turistas al año, Myanmar sólo recibe 300 mil. Aunque no tomo esto muy en cuenta, ya que cuando viajo puedo permanecer días en silencio, reconozco que es precioso tenerla a Mama, con quien charlo, intentando entender su rudimentario inglés, mientras tomo el café instantáneo de la mañana y antes de irme a la cama. You María what you do today, where you go today. 

-Hace tanto calor Mama, en su Rangoon parece que llovieran gotas de sol. Hoy pasé la mañana en Shwedagon Pagoda.
-How you go? Is far away.
-En un tuk-tuk.
-You talk with monks in Shwedagon Paya? There many many, all holy men. Shwedagon is beautiful and peaceful, ha?

Sí, Shwedagon Pagoda tiene una energía muy especial. No es su antigüedad (algunos le adjudican más de 2500 años), su impresionante tamaño, los techos recubiertos en oro, las imágenes y esculturas de Buda, no es nada de eso. Lo maravilloso es caminar descalza sobre el piso de baldosas inmaculadamente limpio y frío, sentarse sin apuro a la sombra de los templos menores, escuchar los cánticos y el orar de los monjes, el silencio.
El budismo que se practica en Myanmar es el Theravada, distinto al Tibetano o Tántrico de Nepal, Tibet y norte de India al que estoy acostumbrada. Éste parece más austero y riguroso. Hay incontables monjes por todos lados, a veces solos, pero en general en grupo, caminando en fila india, como si fueran un ejército. A la mañana muy temprano se los ve de a cientos, marchando por las calles con sus cuencos negros donde la gente deposita comida. Van siempre descalzos, en silencio y muy serios, envueltos en sus hábitos morado oscuro casi bordó, con uno de los extremos fuertemente ajustado alrededor del cuello hasta el mentón. La sensación que causan es peculiar: inspiran tanto respeto que casi intimidan. Digamos que 'ocupan mucho lugar', que son notorios, aunque formen parte de la vida cotidiana tanto de Yangon como de cualquier aldea remota de Myanmar. Al verlos comprendo la fuertísima impresión que habrán causado en 2007, cuando miles de ellos salieron de sus monasterios para manifestarse contra la inhumana dictadura de los militares, en el gobierno desde un golpe militar en 1962. Los monjes son sagrados y por eso mismo intocables, y su presencia en las calles fue un desafío para la Junta Militar, que en un principio no supo qué hacer. Luego, a pesar de todo, hubo represalias contra ellos, varios fueron asesinados o encarcelados. Fue en una de esas manifestaciones -que comenzó justamente en Shwedagon Pagoda- que los monjes marcharon a la casa donde durante casi 15 años permaneció bajo arresto domiciliario Aung San Suu Kyi, una mujer que por su historia familiar y su impresionante carisma se convirtió en líder de la oposición y ganó -aún estando en prisión- las elecciones de 1990, aunque éstas fueron totalmente ignoradas por los militares, quienes continuaron en el poder.

-Mama, qué piensa de Aung San Suu Kyi?
-Oh, beautiful lady. Poor she, sacrifice life for the people. Nobel Peace Prize she is, you know? Now I am happy because she is not house arrest anymore. She can see her sons, not husband Mr Aris, because he die some years ago.
-Mama, mañana me voy de Yangon.
-Where you going?
-A Bagan.
-Oh, many many holy temples in Bagan. Not coming more to Rangoon?
-Sí, Mama, volveré cuando mi viaje haya terminado, para tomar mi avión.
-I see you María?
-Sí Mama, en unas semanas nos volveremos a ver.
-Nice. Tomorrow for long journey I give apple and bananas.

2 comentarios:

Paco Piniella dijo...

Los nombrecitos tienen "guasa", jajaja. A mi me pareció también el budismo tibetano un poco relajado cuanto menos, especialmente por los niños monjes jugando por los monasterios o los adolescentes intentando ligar con las turistas extranjeras. Parece que en Myanmar las cosas son diferentes. saludos viajeros

Ses dijo...

Muy buena narración. Durante breves momentos he viajado contigo. Gracias.