4/10/12

Myanmar: Yangon bajo la luna

Recuerdo el cielo (durante mi estadía en Bangkok siempre encapotado) sin una nube, el avión de Air Asia descendiendo sobre infinitos campos de arroz, el sol que ya se ponía dándole un matiz dorado a los riachos marrones del delta que rodea a Yangon. Entre las cuadrículas verdes –verde tierno, verde maduro, verde oscuro- me pareció que no había caminos, sólo agua. Aquí y allá distinguía minúsculos caseríos y, solitarias, en medio de los arrozales o del agua, grandes 'stupas' blancas. El avión aterrizó y se detuvo al lado del edificio del aeropuerto. Me había imaginado un viejo y caótico aeropuerto como el de Kathmandu, así que me sorprendió su modernidad. Tres aviones de la aerolínea Mai en un costado, una única pista rodeada de arrozales, el pequeño edificio vidriado. El papeleo en Migraciones fue sencillo, recogí mi bolso y salí a la calle. Entonces, casi sin reparar en los hombres que se acercaban a ofrecerme un taxi envueltos en ajustados 'longyi' y con la boca y los dientes rojos de tanto mascar betel, vi y escuché dos cosas que jamás olvidaré: En un gran árbol miles de pájaros negros cantaban y en el cielo brillaba una enorme luna llena. 

Hace calor y me late el corazón. Vamos al centro por una avenida poceada bordeada de casitas de madera. Por las ventanas se mete la noche que comienza, el olor de los motores recalentados de los viejos taxis, la comida que se fríe en las veredas. Huele también a preciosas flores blancas caídas de los árboles y a fogata de hojarasca, como si la ciudad entera estuviera fumando un cigarro. El taxista me dice orgulloso que es un english student, aunque me señala los tesoros de la ciudad hablándome en birmano. Miro hacia donde apunta sin entender ni una palabra, aunque cada tanto los ojos se me van al cielo y busco la luna llena. Allí está, ahora entre ruinosos edificios ingleses de la época de la colonia. See, me dice el taxista con una sonrisa, no rain today, beautiful full moon for you
Mi hotel está a media cuadra de Sule Paya, una stupa (en Myanmar llamada 'zedi' o 'pahto') dorada de 2000 años de antigüedad que hace de epicentro de Yangon. Es una guest house devenida hotel; con mucho esfuerzo los dueños le han puesto un ascensor y se han ido con los pisos para arriba. Me dan una habitación recién estrenada en el piso 5, la única lista; en el resto viven y trabajan los albañiles. En seguida aprendo que lo que he leído con respecto a que en Myanmar sólo aceptan "very new, crispy and never folded dollars" es cierto: por más que elegí minuciosamente los dólares a traer, me rechazan los billetes chicos. Los miro y están nuevos, pero me dicen que no están 'suficientemente perfectos'. Todo se soluciona pagando con un impecable billete de 100. 
Pregunto dónde puedo comer algo y salgo a caminar la noche. Las calles de Yangon están apenas iluminadas, tampoco hay demasiados semáforos. El tráfico de todas maneras es tranquilo; comparada con cualquier otra ciudad ésta tiene poquísimos autos. Lo que abunda en las calles es gente. Gente que come en los puestos ambulantes o toma café en mesitas de plástico muy bajas ubicadas a lo largo de las veredas, gente que espera treparse como sea en un 'fast truck' para regresar a su casa, gente que vende y compra ropa, zapatos o teléfonos usados a la luz de un farol.  
Voy hasta la 29 Road, entro en un restaurant y ceno por primera vez comida birmana: un montón de platitos de diferentes curry, sopa y arroz. A las 8 estoy en mi habitación. Se acaba el día en Yangon, en un rato las calles estarán desiertas. Cuentan que la elite ligada a la junta militar (a pesar de las elecciones de hace 1 año, se sabe que la junta sigue teniendo absoluto control) tiene sus propios bares y restaurantes, sus fiestas y desvelos hasta cualquier hora, pero los habitantes de Yangon se refugian en sus casas cuando cae el sol.
Por la ventanita del baño veo la ciudad oscura y la luna llena. Me digo, esto es Rangoon –así la siguen llamando los habitantes de la ciudad y así la llamaré yo de ahora en más-, esto es Myanmar. Lo soñé, lo deseé y aquí estoy: en mi pasaporte tengo estampada una visa para 28 días.


1 comentario:

Yo adoro viajar. I love travelling! dijo...

Tus fotos me apasionan
Saludos
Trini.