10/6/09

Pulpeiras

En los pueblos de O Ribeiro, la comarca gallega que huele a deliciosos vinos afrutados y florales, el domingo es día de ‘pulpeiras’. Las mujeres -siempre ha sido profesión femenina, más allá de que tengan hombres ayudantes- llegan temprano a instalarse en su esquina asignada o en ese rincón de la acera que ha sido el suyo toda la vida. Allí despliegan sus enormes cazuelas de cobre, los pinchos, tijeras y utensilios, el aceite de oliva, el pimentón picante y el dulce, los pulpos y los platillos de madera.
Entonces sobre el fogón improvisado se dedican a cocinar. Antes del mediodía ya se arracima a su alrededor la gente: de pie, casi al paso, tal vez como un apetitoso entrante antes de sentarse a comer, todos disfrutan del famoso Pulpo á Feira. La deliciosa tradición viene de siglos atrás, cuando la pulpeira -un personaje desde siempre itinerante- era presencia obligada en ferias y mercados.
Instalada en un recodo de la calle principal de Cortegada, la pulpeira a la que pregunto por el secreto del típico plato me contesta que no hay recetas ni misterios, que ni siquiera hoy hay que mazar el pulpo. El proceso de congelarlo y descongelarlo (es difícil conseguir pulpo fresco; la mayoría se vende congelado) lo ablanda lo suficiente.

-Sólo cocerlo durante 20 minutos y luego, fuera del fuego, dejarlo reposar un rato. La sal gorda, el pimentón y el aceite se le echan ya cortado, sobre el plato- me dice mientras usa muy diestra las tijeras.
-¿Así de sencillo?
-Así. Sólo restan, para acompañar, las patatas, y aquí en O Ribeiro, el pan de Cea.
-¿Nada más?
-Nada más, no hay secretos...

Pero, la verdad, y aunque respeto su reserva, no le creo. Porque puedo asegurar que ningún Pulpo á Feira de Galicia se iguala al que guisan las pulpeiras los domingos, en la calles de los pequeños pueblos de O Ribeiro.

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