30/1/10

Pensamientos soporíferos

El sopor me envuelve y me aplasta la cabeza. Sentada en la galería del Grand Hotel de Amritsar –donde ya lo dije, los gatos corretean en pos de diminutos ratones-, intento deshilvanar el lío de la madeja de mis pensamientos. Oh, India. Hasta que llegué aquí di por sentado que los indios no tenían que hacer un esfuerzo para adaptarse a la suciedad, a las aglomeraciones, a la miseria, a los ruidos, sino que todo eso era lo único que conocían. Por ende, lo aceptaban como cosa corriente. Si conocés sólo el frío, el mundo es frío. Si conocés sólo la selva, el mundo es selva. Si vivís inmerso en el caos, el mundo es caos. Eso pensaba hasta que visité el Golden Temple. Entonces no entendí nada. Ya conté lo maravilloso que es el lugar, ya conté de su belleza. Pero eso es sólo una anécdota menor. Lo que realmente me tiene obsesionada es lo que sucede allí dentro.
¿Qué es la religión para los indios? En teoría, lo mismo que para cualquier cultura. Un refugio, un sitio donde cerrar los ojos, un rincón donde escaparte de este mundo. Pero yo soy occidental, espiritual pero no religiosa, y tengo que pensar dos veces para darme cuenta que aquí la religión es muchísimo más tangible que la religión católica. Más básica y esencial. La religión en la India sikh o hindú es un solaz concreto y palpable, un mundo perfecto cercano pero a la vez alejadísimo de la realidad. Para el común de la gente (la mayoría de los habitantes de India), no importan los pensamientos medianamente elevados, las ideas filosóficas, los conceptos intelectuales. En Amritsar queda claro que la religión es el NO ruido. La NO basura. El piso níveo. El agua limpia. Ni un grano de arroz en el suelo. Los cánticos en vez de las bocinas. Un lugar donde sentarse sin apretujones. Un sitio a la sombra donde descansar. Un espacio donde escuchar un cuento. Un lugar donde hay suficiente lugar.
La cabeza me explota. Uno puede leer toneladas, pero hay cosas que para aprehenderlas hay que verlas. Converso con Fran. Si los indios, en este caso sikhs e hindues, veneran el orden, la limpieza y el silencio, ¿por qué no los practican? No pueden, dice mi hija. Han aceptado que la paz no es de este mundo. Por eso no se revelan. Viven como mejor pueden, y esperan con enorme paciencia todas las vidas futuras que sean necesarias para irse para siempre de esta Tierra.

1 comentario:

Aniko dijo...

Qué linda reflexión, me encantó.

Estando en Asia pude ver y entender mucho más de cerca el Budismo y creo que el lugar donde más lo sentí fue en Laos, por la paz y tranquilidad que se respira en la calle y en la gente.

Un saludo de otra viajera :)