12/10/09

Gompas en el valle del río Indo

Tierra marrón, colores otoñales, sol amarillo y las gompas entre las montañas y el cielo. Para llegar a ellas siempre hay que trepar. La senda que lleva a la de Leh está salpicada de stupas, monumentos encalados redondeados y cerrados, que simbolizan la espiritualidad de Buda.
La desolada región de Ladakh posee la mayor cantidad de monasterios budistas de la India. Una mañana dijimos ¡jule! al dueño de la guest house donde nos alojábamos en Leh y partimos, ahora sí, a la total aventura. Las montañas de Ladakh son tan escabrosas que la única manera de bajar por tierra hacia el sur es desde la misma Leh, cerca de la frontera con China, o desde la conflictiva y militarizada Srinagar, ciudad ya musulmana, pegada a la frontera con Pakistan. Así que nos propusimos atravesar toda la región desde su extremo este a su extremo oeste. Entre Leh y Srinagar hay más o menos 400 kilómetros. Confieso que antes de viajar a determinado lugar leo bastante sobre algunos temas, pero hay otros de los que no sé absolutamente nada. Por ejemplo, no tenía idea de lo que suponía atravesar Ladakh por su única carretera.

Contratamos un jeep-taxi, dejamos Leh atrás, pasamos por inmensos campamentos militares y comenzamos a bordear el río Indo. Qué belleza. Entre laderas marrones y ocres el río cambia del azul verdoso al más increíble turquesa. En seguida nos dimos cuenta que viajar a través de Ladakh no sería nada fácl: El camino se convirtió en curvas terribles, asfalto roto, banquinas desaparecidas, ni una sola señal y altísimos pasos a sortear. Al otro lado de Futu La -4200 metros-, está el monasterio budista de Likit.

Una gompa es un mundo silencioso al que se accede descalzo, donde a cada paso uno puede agitar con las manos campanitas de bronce que cuelgan de todas partes y hacer girar hileras de 'sonajeros' gigantes. Rojos estridentes, amarillos, cúpulas cilíndricas azules y naranjas, interminables ristras de banderitas de colores. La increíble gompa de Likit está habitada. Un monje rapado, vestido con atuendos morados y amarillos nos abre las puertas. El edificio, encaramado a una gran roca, tiene un patio abierto al cielo y cerrado a un precipicio por gruesos muros. A través de ventanitas se ve la inmensidad del paisaje. Todo en un gompa es un homenaje al color, a la luz y al silencio. No hay ni un muro que no esté decorado con pinturas fantásticas. Buda representado de varias maneras, figuras zoomorfas, la rueda de la vida y la muerte, la serpiente, el león, mandalas maravillosos. Las puertas de cada sala están pintadas del más vivo rojo. De todos lados cuelgan cintas de brillantes colores. Pedimos permiso y un monje nos hace entrar en una de las salas de oracion. Nos quedamos mudas. El lugar está en penumbras, pero la luz, desde algún lugar del techo, entra a raudales. Veo la luz. Como un foco la veo, y su blancura en los violetas, naranjas y amarillos de las brillantes telas que cuelgan desde lo alto tiene algo de mágico. Recorremos el lugar en silencio, como si nos hubieran abierto las puertas del cielo. Aunque el salón está vacío, cada monje tiene un sitio establecido, marcado por telas de colores enrolladas en forma de conos. El suelo de ladrillos esta cubierto de alfombras, cuelgan de gruesas vigas enormes gongs; en el altar, o sitio más importante, hay fotos de los últimos Lamas y una gran figura de Buda. Huele a incienso, huele a los viejos libros sagrados guardados en las bibliotecas.
Los monjes budistas sólo meditan y cantan. Algunos enseñan en las escuelas donde se intruye desde muy pequenos a los niños que serán futuros monjes. Cualquier otro tipo de actividad -preparar la comida, lavar la ropa, limpiar y cuidar la gompa- lo hace alguien del pueblo. Aunque seguramente habrá monjes santos y otros no tanto, éstos parecen de otro mundo. Será su aspecto, el sugestivo sitio donde viven. Cada vez que entablo conversación con alguno, por más mínima que sea, tengo la sensación de que con sólo mirarme sabrá todos mis más profundos secretos.

2 comentarios:

L. G. Venzano dijo...

Hola Flaquita, impresionante te leo y veo a esos monjes, es como estar en una pelicula.
Un !Beso grande a las dos!!!

Valkiria dijo...

Hola de nuevo, María!

Increíbles y fascinantes los lugares que has visitado. Pero aún te sigue faltando visitar el mío... Colombia! Tan cerca de tu tierra natal! Sigo esperando que vengas por acá.

Un abrazo.