26/10/09

El mundo desde una shikara

Trato de no mirarlos, me digo que no existen; aquí hay tantas otras cosas para ver. Pero es imposible abstraerse, no sólo los soldados están en todas partes, se los huele como si fueran pólvora, el aire de Srinagar está enrarecido por su intensa presencia. Camino por una vereda cerrada a un lado por alambradas de púa, paso por delante de un tanque camuflado y no dejo de preguntarme si estará bien andar por allí, si no recibiré un tiro o quedaré detenida por hacer lo que no se debe hacer.

La gente de Srinagar está acostumbrada a la presencia militar y funciona como si no existiera. La mayoría odia a los soldados y en secreto ansía que Kashmir se separe de India, pero también recuerda los años en que no podía salir de sus casas por la cantidad de atentados que había en la ciudad.

Srinagar no es la India que yo vengo imaginando desde hace años; será que es absolutamente musulmana, que está muy al norte, que su conexión con Pakistán ha sido siempre íntima. Su antiguo bazar es una maravilla, mil tiendecitas donde se venden desde gallinas vivas hasta máquinas de coser, especias, pescados y fantásticas telas. Pero -oh, sorpresa- las casas tienen algo de otomano. Me fascina descubrir ornamentados edificios construidos enteramente en madera y contarle a Fran que son iguales a los de Safranbolu, en Turquía y cerca del Mar Negro, a donde llegué hace un par de años sólo para ver este tipo de casas. Conexiones, mi cabeza que vuela y se pregunta cómo y cuándo, gente que migra, tradiciones que viajan kilómetros, guetos inamovibles a través del tiempo, recuerdos que persisten… Camino y quiero volver a leer todos los libros que leí y muchos más. Quiero saber, saber y saber. Universo, dame un montón de años para leer y viajar.

En Srinagar, y a pesar de que no parece pertenecer del todo a India, nos enfrentamos por primera vez (no tomo en cuenta la fugaz experiencia en Delhi, claro) con el caos urbano de este país. Tráfico intenso, velocidad desorbitada, ni un policía que dirija o controle el tránsito, poquísimos semáforos que nadie, nadie, nadie respeta, bocinazos constantes, más de cinco minutos intentando cruzar una calle. Lo que más impresiona es el nulo respeto que se tiene por el peatón. Ser peatón en India es como ser un descastado, un innombrable. Las motos, los rickshaws, las bicicletas, los autos y camiones te apuntan como si quisieran matarte. Este país tiene tantos habitantes que qué hace uno menos.

Después de unas horas inmersa en el ruido y arriesgando la vida a cada paso es imposible no llegar a la conclusión de que los indios están hechos de otra materia o tienen las neuronas atrofiadas. ¿Cómo hacen para trabajar en ese caos? ¿Cómo hacen para enhebrar un pensamiento? Yo sólo logro concentrarme para que no me pise una moto y no puedo ni sumar dos más dos.

Más allá del absoluto desorden, Srinagar tiene dos tesoros difíciles de igualar. Uno de ellos es su espectacular y milenaria industria textil, que fabrica las más delicadas telas, famosas en el mundo entero. Las tiendas que las venden son como cuevas mágicas con el piso cubierto de colchones blancos a donde se entra siempre descalzo. Una se sienta y se queda embobada mientras el vendedor despliega las maravillas que se producen en Kashmir. Color, color, brillos, transparencias, más color. India es, por sobre todas las cosas, un desborde de color.

La otra maravilla de Srinagar es su Dal Lake, un lago enorme con mil brazos. El lago está lleno de barcos y casas flotantes donde vive muchísima gente. Hay zonas muy pobres donde se apretujan innumerables y viejas barcas semi hundidas en el barro, zonas de casas flotantes parecidas a imponentes palacios, grandísimos mercados flotantes, barcas-tiendas que venden desde comestibles hasta telas. Para recorrer el lago cientos de shikaras esperan amarradas a la vera de la larga costanera. ¿Shikara madam? ¿Shikara madam? Los dueños de estas barcas preciosas, pintadas de increíbles amarillos, verdes, o turquesas, y techadas y tapizadas con telas de vivos colores, te vuelven loca para que los contrates. Decirles continuamente que no agota, pero uno no puede irse de Srinagar sin un paseo en shikara

De pronto se acaban los ruidos, sólo se escucha el sonido del remo entrando y saliendo del agua. El lago está quieto y desde su fondo trepan buscando la luz plantas acuáticas. El hombre que rema va sentado en la angosta popa en completo silencio; nosotras vamos recostadas en una especie de reposera-cama techada. Nos cruzamos con mis barcas de colores. Algunas van y vienen vendiendo cosas, otras trasladan gente a sus hogares flotantes. Pasamos por ‘jardines’ de nenúfares florecidos, por una barca-escuela, por un mercado formado por viejas y desteñidas shikaras llenas de verduras y frutas.

El agua, el silencio, el aire limpio, la paz. Lejos las barricadas, los soldados, los tanques, el tráfico, los bocinazos, Kashmir queriendo independizarse, India negándoselo y Pakistan apoyándolo, sólo pensando en que si eso sucediera, se lo devoraría crudo.

Entorno los ojos; me olvido de todo. Una shikara en el Dal Lake es como soñar el mejor de los sueños.

3 comentarios:

Luis G. dijo...

Ese extraordinario viaje te proporciona un caudal de experiencias, sensaciones, reflexiones... Eres sensible y observadora y tus escritos emocionan. Que gusto seguir vuestro camino.

Que disfrutéis mucho con ese viaje, María.

Saludos!!

Louis dijo...

Tiens razon BD, India y el Sudeste Asiatico son un caos en cuanto al ruido, trafico y no respeto por el peaton. Si tomas un tuk tuk o toc toc como los llaman en Viet Nam -estos triciclos con un asiento delantero donde va el pasajero expuesto a todo - y te llevan a pasear por el trafico de estas urbes desordenadas, tendras la sensacion de estar en una montaña rusa esperando el choque en cualquier momento. Ese golpe nunca viene. No estamos acostubrados a semejante demencia. Para los lugareños es moneda corriente.
Recomiendo que sigas flotando. Eso es mas tu estilo.
Great, great pleasure reading you. Tan bueno como estar en el lugar. . .

Argonauta dijo...

Hola, Ser Viajera.

A veces es necesaria una shikara que nos aleje temporalmente del centro de la realidad para contemplarla desde otra perspectiva.

Buen viaje.