2/9/09

Treinta hórreos sobre la ría

Nada le sienta mejor a Combarro que la bajamar y un cielo encapotado, violáceo, enfadado. Las barcas lejanas encalladas en el barro, los cabos viejos enredados de algas, los secretos del mar al descubierto, la ría desnuda... Combarro sacude el alma con su humilde belleza.
Como si estar cerca del agua fuera una necesidad, el único lugar en el mundo donde vivir, las casas de piedra de los pescadores –la mayoría originaria del siglo XVIII- se aprietan sobre la orilla de la ría en una única rúa. De entrañable arquitectura popular, desde sus ventanucos y pequeñas solanas se ve poco, aunque lo esencial: La larga hilera de viejos hórreos -o palleiras, como les llaman aquí- al otro lado de la calle y sobre la costa, alguno de los seis cruceiros de la aldea, las barcas, las redes, y el mar.
Combarro ha sido declarado Conjunto Histórico Artístico y algunas de sus casas han sido transformadas en restaurantes, tabernas y tiendas de recuerdos. Sin embargo, no ha perdido el espíritu de la aldea marinera de trescientos años atrás, donde trabajar, sustentarse, protegerse y descansar eran el principal anhelo y seguramente, la tan ansiada felicidad.

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