10/7/09

Tata va a Nepal

Acabo de enterarme por mi tía Carmen que mi abuelo Tata era un apasionado por Nepal. Nunca llegó a viajar, pero sin embargo leyó y leyó y, al menos a Carmen, que era su hija menor, le llenó la cabeza de pajaritos.

Mi abuelo Tata, personaje sin igual. Nunca escribí sobre él porque inconcientemente lo reservo para una novela, pero hoy, gracias a mi tía, se me apareció aquí, en mi Petit, junto a la sudestada que sacude preciosamente las ramas de MI tipa.
Estoy un poco desconcertada, sin embargo. Mi abuelo contaba y uno se quedaba embobado. Pero sus cuentos eran siempre TAN porteños... Yo era una niña y me lo imaginaba en los cabarets, en las tanguerías, en los teatros de varieté, en los cafés literarios donde se juntaba con su primo escritor, Manucho Mujica Laínez.
Como buen acuariano, mi abuelo vivía en su mundo. Yo, con mis ojos de 6 ó 7 años, lo tenía catalogado como extraterrestre. Bueno, en esa época esa palabra no la conocía. Pero algo así. Tengo un abuelo caído de la luna, extraño, divertido, contador de historias, exagerado como nadie, lector, pintor, coleccionista de porcelanas chinas que guardaba bajo llave dentro de una gran vitrina.
Tata era un dandy, en el más risueño sentido de la palabra. Desde que tuve uso de razón me pregunté constantemente que hacía casado con mi abuela Lela. Ella, tan terrenal, tan criolla, era su polo opuesto. Digamos que la energía masculina-femenina en la pareja de mis abuelos estaba un poco alterada. Era Lela la que andaba por la casa arreglando enchufes y cortocircuitos con una pinza y una tenaza. Era Tata el que daba de comer a los zorzales, el que regaba las clivias, el que contaba una y otra vez que tal bailarina (una famosa, no recuerdo el nombre) tenía las mejores piernas del mundo, el que tenía amigos estrambóticos que caían a almorzar los domingos. Mi abuela no decía nada. Ella se metía en la cocina y trabajaba. Seis hijos, sus nueras y yernos, sus nietos y los amigos culturosos y raros de su marido.

Yo tenía más que sufiente con mi abuelo así como lo conocía. Siempre me sentí una privilegiada de ser nieta de un ser humano que pintó cuadros coloridísimos hasta los 96 años, que recordaba con una gracia infinita las fiestas de disfraces en el Tigre Hotel, los tés galantes en la confitería del Águila y las reuniones con la 'creme' bohemia de Buenos Aires. Ahora me entero que además soñaba con Nepal.
De Argentina a Nepal hoy hay un abismo. En tiempo, en kilómetros, en dinero. En la época de mi abuelo Tata no había manera de salvarlo: lo único que quedaba a mano eran los libros.
Mi abuelo leía. Piernas cruzadas en su sillón favorito, anteojos calzados en la nariz prominente, su elegancia innata siempre intacta.
Hoy mi tía Carmen me escribió algo (justo hoy, en que colgué con muchísmo amor sus cuadros en las paredes de mi Petit) que me dejó perpleja: 'Papi, donde quiera que esté, debe estar disfrutando por adelantado que una nieta suya se vaya a Nepal...'

Ahora, mientras recuerdo, mientras lo recuerdo, me pregunto: ¿por qué ansío ir a Nepal?
Tata, te llevo en la sangre...

7 comentarios:

alicia dijo...

Canaca que maravillosos recuerdos!!Seguro que hablaba de Nepal y leía y contaba de todo un poco y más!Digna "nieta" de Tata, de "tal palo tal astilla"...Ojalá extiendas esos recuerdos!Beso! Alicia

Carlos dijo...

Muy bueno, Cana, Tata era un apasionado de la cultura oriental, recuerdo que ya con más de 90 compró "Memorias de una Geisha"...como bien decís Cana, siempre había lugar en su casa y sus vitrinas para algún netsuke japonés o un marfil de la India, de hecho yo tengo un pequeño buda que le dejó a Pino...de las personas que concocí, creo que él es el mejor exponente de aquello de "viajar con los libros"...

Claudinha dijo...

Qué lindo!!!
No hay en mi familia personajes tan maravillosos e interesantes como tu abuelo. Todos viven con los pies bien pegados al suelo que pisan. Creo que yo soy la 'niña diferente' que vive en su propio mundo. Pero me gusta y ahí seguiré viviendo.
Un abrazote.

Aventurer@ dijo...

Maria, es todo un lujo haber tenido un abuelo como TATA, vaya personaje! Me ha gustado mucho el relato. Me gusta también como tienes organizado el blog y sobretodo las fotos que haces.
Así que te vas ya a Nepal? Que suerte... que tengas muy buen viaje y ya nos contarás... desde allí tal vez? Cuidate y un beso.

Anónimo dijo...

Cana, estoy impresionada lo que despertó en Vos,el mail que mandé ayer. La casualidad no existe, estoy convencida que el espíritu de Papi (junto a Mami), yo lo tengo presente como uno solo, está haciendo de las suyas. Con tu facilidad de escribir y muy bien, pienso que nos vas a hacer disfrutar de muchas ricas experiencias. Si para vos fue un privilegio tenerlo a Papi por abuelo, te imaginarás el orgullo que siento de haber tenido los PADRES que tuve, que en realidad tengo, ya que ellos están conmigo permanentemente, con el recuerdo de sus enseñanzas, alegrías y las tristezas que seguramente hubo, ya están felizmante olvidadas. Te quiero, Carmen.

Anónimo dijo...

Querida Cana me llena de alegría que algún descendiente de Tata pueda concretar en la vida real lo que él siempre vivió en su imaginación.Qué disfrutes mucho de tu viaje. Nosotros en cierto modo hemos conocido también esos lugares tan lejanos y exóticos. La mayoría de lal itrartura recomendada por él, desde nuestros primeros cuentos infantiles estaban situados en China,Tibet, India, Nepal, Japón ,etc. etc. Eso sumado a los objetos de arte: bronces, marfiles, porcelanas y el inmenso biombo de Coromandel, que adornaban nuestro living, nos fue familiarizando con ese tipo de cultura oriental. Algunos de los hijos hemos volado también a través de sus narraciones y de lecturas, unos mas lejos, otros mas cerca pero los seis hemos sido y somos voladores aunque no tanto como vos en quien se concentra todo el espíritu y la fantasía del viejo. Un beso enorme, mandame tu teléfono. ¿Cuando partís?¿Habrá caso de vernos? Me gustaría mucho. Otro beso.
M.M.

Diana Visintini dijo...

increíble.....!

ya iré yo a Nepal...pronto sigo tus pasos..