10/3/09

La ciudad blanca

Anoche fue una de esas noches en que recurro desesperadamente a las mágicas pastillas para dormir. Son fundamentales: cuando el hostal en donde caigo es espantoso, cuando no cierran bien las ventanas ni las puertas, cuando todo me da asco y pienso que debajo de mi cama tal vez hay un ratón, me tomo una antes de dormir. Si tiene que pasarme algo, que me pase dormida.
Eso fue en el hostal La Reina, una casona colonial desvencijada con mil habitaciones a las que se accede por escaleras exteriores inacabables y estrechitas. Una vieja cholita de un metro treinta me llevó hasta un cuarto en el último piso: increíble, desde allá arriba se veían los techos de Arequipa, las montañas, el feroz volcán Misti, y las cercanas cúpulas del famoso Monasterio de Santa Catalina, uno de los motivos por los que vine a esta ciudad. La cholita me señaló el panorama con una sonrisa, pero las vistas no fueron suficientes para aplacar mi aprensión. Al contrario, fue peor. Pensé que lo único que faltaba para ponerle un moño al larguísimo día era que al Misti se le diera por erupcionar. Me imaginé al hostal desparramado en la calle, mezclados sus muros de piedras níveas (Arequipa está construída con piedras blancas volcánicas, de ahi que se la llame la Ciudad Blanca), con los del monasterio donde ¡oh! vivieron en el 1500 nada màs y nada menos que 450 monjas. No pude evitarlo: le pedí al Universo que esa noche no, que ni temblor ni erupción, que no soportaría mis huesos mezclados con los de tantas mujeres, nobles ricachonas que vivieron como reinas encerradas con sirvientes, esclavos, disimulados amantes y los más sofisticados lujos. Porque así fue, lo juro. Imagínense: 450 mujeres encerradas haciendo -menos traspasar los muros- lo que les viniera en gana. Qué horror. Pero la pastilla fue milagrosa: me dormí y además, gracias al cielo, no hubo temblor.
De Arequipa -llena de casonas coloniales preciosas y de una plaza mayor fastuosa- no hablaré mucho: tengo que irme a dormir ya. Como anécdota sólo describiré mi almuerzo de hoy: el menú, que salió 5 soles (más o menos 1,5 €), consistió, por orden de aparición, en lo siguiente: Un plato llamado Causa, yogourt, mate de cedrón tibio, sopa de lentejas, pastel con ají amarillo, y mazamorra morada. La comida arequipeña es famosa por su sabor, pero a mí todo me pareció un asco. Creo que se me fue la mano con el racionamiento de mi economía. Es que hoy hice una tremenda inversión en una muy recomendada agencia de trekking: mañana parto al alba a recorrer el Cañón del Colca (el más profundo del mundo) y una zona de aldeas andinas perdidas entre enormes volcanes. Desapareceré tres días en las montañas trekeando con un grupo de 6 personas y 2 guías, dormiremos la primera noche en un hostal y después en carpa. Tengo todo listo, sólo me acabo de dar cuenta de que me falta una linterna.
Dejo, me voy a comprarla.

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