26/5/08

Tunecinas

Hoy debuté con los louages, un sistema de grandes taxis donde suben hasta 8 personas, con rutas preestablecidas y terminales muy organizadas. Resulta rápido, barato y práctico, y a pesar del calor (obviamente no tienen aire acondicionado) y del apretuje, se viaja bastante bien. Hoy tomé tres: de Kairouan a Susse, de ahí a no sé que caserío, y el último a Mahdia, un pueblo de pescadores precioso enclavado en una península salpicada de ruinas del siglo X que se mete como un cuchillo en el Mediterráneo.

Aunque en las culturas islámicas hablar con los hombres es normal, siempre me he lamentado no poder entablar ni la más mínima conversación con las mujeres. Misteriosas, tímidas con los extranjeros, siempre te rehuyen. Ayer me dormí pensando en ellas. Es que en Kairouan vi mujeres como jamás había visto en mi vida. Unas, muy viejas, como si pertenecieran a una tribu pronta a desaparecer, tienen enormes tatuajes en los pómulos y en la frente. Llevan ropajes superpuestos de colores chillones, y el pelo que se les escapa de sus shawls está teñido de color naranja. Estas mujeres son muy humildes; tienen todo el aspecto de ser campesinas llegadas a Kairouan quien sabe de dónde. Pero lo que me impresionó más fue cruzarme constantemente con mujeres mayores que para ocultar su cara sostienen su shawl apretándolo entre los labios. Según los códigos islámicos la mujer se debe preservar todas sus zonas consideradas sensuales para su marido, o sea que resulta ‘comprensible’ que las mujeres jóvenes se tapen la boca, pero es increíble que las ancianas sigan saliendo a la calle con su gran velo apretado entre los dientes. La imagen de estas mujeres, generalmente vestidas de blanco, sus trapos hamacándose al compás del siroco, se metió en mis sueños y ya forma parte del recuerdo de Kairouan.

La intimidad que se genera al viajar en louage me dio la oportunidad de entablar conversación con mujeres tunecinas. Fue divino: descubrí que en Túnez las mujeres hablan, se ríen, te hacen preguntas y te cuentan secretos.

La esperanza de un hijo

Hédia estaba sentada al lado mío y después de intercambiar sonrisas conversamos (yo he mejorado un poco mi francés) hasta por los codos. Maestra de jardín de infantes, me contó que se había casado hacía tres años con un policía. Me habló de la seguridad en Túnez, del presidente 'mano de fierro' que tienen, de lo difícil que es la vida, de la plata que no alcanza. Obviamente -como la mayoría de los tunecinos- tiene primos y tíos que viven en Francia y en Italia, pero juntar la plata para ir a visitarlos es un sueño inalcanzable. Me hizo mil preguntas. Quería saber todo. Y cuando le hablé de mis dos hijos me tomó de la mano, se le llenaron los ojos de lágrimas y me contó que ya había perdido 3 embarazos. Pobrecita Hédia... Si para cualquier mujer no lograr hijos es una tragedia, ni quiero pensar lo que será en esta sociedad machista. Le dije que el cielo le mandaría no uno, sino varios, y ella, secándose los ojos y con una sonrisa, me dijo: ¡miles! Hédia quiso darme su número de teléfono y como mi lapicera no andaba me regaló la suya. La charla siguió intimista, yo asegurándole que tendría un montón de hijos, y de pronto vi que no me prestaba atención y buscaba algo en su cartera. Al fin sacó una pulsera de metal labrada a mano, me tomó el brazo y me la puso. Me dijo que era una pulsera mágica, sanadora. Yo no sabía qué decir, cómo agradecer el regalo. Después llegamos a destino. Hélia me acompañó al louage que debía tomar para asegurarse que llegaría bien a Mahdia y nos despedimos con un abrazo y dos besos.

La felicidad de Nadra

El 25 de julio tengo una boda. Me invitó Nadra, una chica de 23 años cuyo novio, de 42, vive en Lyon. Nadra empezó a hablarme ni bien entré al tercer louage. Me miró, se sonrió, y radiante, sin decir agua va, me dijo que ya pronto se casaba. Me explicó: las bodas en Túnez duran 3 días; durante el primero se reúne la familia más cercana, el segundo día se juntan sólo mujeres, y el tercero se hace una fiesta donde se tira la casa por la ventana. La familia de Nadra ya tiene alquilado un gran salón y estoy invitada. Le agradezco de mil maneras, Nadra, enchanteéchokran, merci beaucoup. Entonces le pregunto cómo es su futuro esposo. Y me dice que ya es su marido, que el matrimonio fue concertado en la mezquita cuando ella tenía 17 años. Pero que ahora es la fiesta y luego de eso ella se irá a vivir con él a Lyon. Me dice que extrañará a su familia y a sus amigas, pero que le han dicho que Lyon y toda Francia son fantastiques. Una vez que Nadra termina de contarme sobre la felicidad que la espera, se calla. Ya no la escucho hablar más. Llegamos a destino y cuando voy a pagar el conductor me dice que Nadra ya pagó mi pasaje.
-Pour quoi Nadra?
-C'est une bienvenue a Tunis.
-Salut, Nadra, bonne vie, je penseré a toi le veint cinc julliet.
Dos besos y su teléfono anotado con su letra de nena en la Lonely Planet. Nadra se aleja soñando su sueño, yo camino hacia el centro de Mahdia, huelo el mar y busco la pensión El Medina.

2 comentarios:

Mariana Pellegrini dijo...

Increible...! Por momentos viajo con vos... Tu primita jaja..!

Anónimo dijo...

Flaquita, gracias, repito lo mismo leer tus viajes y tus aventuras, es una brisa de aire fresco y nos permite por un rato escapar del ahogo de esta pobre Argentina.
Besos y cuidate mucho.

Felipe

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