23/5/08

Remedio para una viajera

Los antibióticos me han destruido la panza. Tomo yogourt. Tengo frío. Tomo sopa. Tengo calor. Tomo un helado. Estoy débil. Como chocolate.
Me he compenetrado en mi cuerpo, lo mimo, trato de escucharlo, intento todo para sentirme mejor, sin embargo sigo tosiendo, como si algo -un dolor, una palabra, una rabia, un secreto- se resistiera a salir de mis entrañas. Mi única alternativa es buscar el sol. El sol lo cura todo. A mí por lo menos. Pero en Madrid llueve y todavía hace frío. Le he preguntado a mi amigo David qué sucede con el verano, y me ha dicho que llegará con las brujas durante la verbena de San Juan. Pero falta mucho para eso, tanto que de pronto se me hizo carne ese refrán tan español: hasta el 40 de mayo no te quites el sayo. Entonces he decidido algo: me voy al Mediterráneo. Al otro lado del Mediterráneo. Esta vez será Túnez. Estoy segura que cuando aterrice allí dejaré de toser; tampoco me dolerán los oídos. Quizá hasta pueda dejar de comer chocolate.
Tomo la última sopa madrileña, la tomo hirviendo, aunque me queme la lengua. Sólo falta que pasen unas horas y mañana será Túnez. Ya la veo, tan blanca y tan azul. Ahí estoy yo, me imagino -no sé por qué- apoyada contra un muro encalado y caliente, haciendo nada, sanándome al sol.

1 comentario:

Paco Piniella dijo...

Estoy suscrito a tu blog, me gusta mucho. Yo tenía un blog personal pero ahora lo he ampliado con un segundo blog que llamo Cuaderno de Viaje, lo puedes ver en http://piniella2.blogspot.com