31/5/08

El silencio interrumpido

Hablo poco, escribo mucho. No pienso, qué alivio, más bien sólo respiro, escucho y miro. He logrado poner todas esas cosas grandes y pequeñas que me sacan kilos de energía en algún sitio lejano y solamente viajo. A medida que pasan los días me distiendo más, duermo cuando quiero y cuanto quiero. Uso cada vez menos ropa. Mejor dicho, ese detalle ha dejado de importarme y varío entre dos mudas. Sólo me preocupo por mi cámara, mi ordenador, la plata y el pasaporte. No mucho más. El resto va en mi bolso rojo, muchas veces atado solitario al techo de un loauge.

Después de estar viajando por Túnez diez días, tengo que reconocer que éste no es un país para viajeros independientes. Y no porque sea peligroso o difícil de recorrer, al contrario. Es que cuando uno viaja en solitario le gusta encontrarse de vez en cuando con gente que viaja como uno. El otro, quien sea o de donde sea, es parte de la aventura que supone un viaje. Aquí esto no sucede. Al menos no me sucedió durante toda una semana. Turistas en tours organizados hay a montones, pero yo hablo de viajeros, de ésos que te acompañan con sus historias, que comparten con vos un tramo en bus, una comida o un simple té, de ésos con quienes intercambiar rutas, lugares, de ésos con quienes siempre terminás hablando de otros viajes. Personajes, me digo todas las noches, dónde están.
El universo se apiadó de esta viajera sumida en el silencio y ayer, en el patio profundo de mi ksar conocí a Wendy, Anderson y Alvin. Wendy y Alvin son hermanos, chinos pero nacidos en Filipinas, aunque criados en California. Anderson es el marido de Wendy y es mitad chino, mitad norteamericano. Estos tres personajes venían viajando a la inversa que yo (primero oeste, luego este de Túnez) y encontrarnos fue un placer para los cuatro. Es que ellos, viajeros consumados, también extrañan a esos personajes que por motivos íntimos o sin motivos se echaron a andar. Para mí el placer fue doble: pude dejar de lado mi francés gutural y hablar en inglés. ¡Qué alivio! Durante la comida (nuevamente cous cous) me di cuenta de que estaba hablando hasta por los codos. Simplemente no podía parar; con placer sentía mi voz fluyendo como un río transparente. El encuentro tuvo su momento divertido cuando salimos al patio después de cenar.
Resulta que durante todo el día de ayer me estuvo persiguiendo un tal Mohamed. El asunto es de lo más normal: te ven extranjera y quieren a toda costa sacarte una moneda. Pero Mohamed, un tipo de unos 25 ó 28 años, sin ser irrespetuoso se puso un poco pesado. En la diminuta Matmata me lo encontraba en todos lados, él siempre descalzo, manejando su motocicleta destartalada sentado de costado. Mohamed logró sacarme de las casillas, para después hacerme superar mi mal humor con habilidad. Y es que Mohamed descubrió que entendía italiano. Y yo tengo una debilidad mortal: hablar en italiano.
Mohamed aprendió el idioma del Dante cuando emigró a Italia (Sicilia está frente a Túnez, a sólo 150 kilómetros) y logró el sueño de cualquier nord-africano pobre: casarse con una italiana. La cuestión es que Mohamed obtuvo la ciudadanía europea y se divorció de la italiana. Supongo que Mohamed debe ser un vago, porque no me explico qué hace en Matmata pudiendo trabajar en Italia. Según me ha dicho, ahora está buscando esposa. El problema es que quiere enamorarse, no quiere una mujer (textual) ‘con cara de camello’.
A pesar de que parecía muy concentrado en su historia, Mohamed siguió insistiendo en que me subiera a su moto para recorrer las montañas en busca de casas subterráneas. En francés le hubiera dicho cualquier barbaridad para terminar la conversación, pero al hablar los dos en italiano algo sucedió: parecía que representábamos una comedia. Mohamed es tunecino cuando habla en árabe o en francés, pero cuando parla italiano parece Marcello Mastroiani en 'Matrimonio a la italiana'.
-Andiamo María? Vieni con me.
-No, sono stanca.
-María, tu sei stanca tutto il giorno!
-Si, perche penso molto.
-Dai dai, dai, María… Vieni, siedati insieme a me.
-Non voglio.
-Ma perché?
-Perche NO. Capisci cosa vuol dire NO?
Así había sido durante todo el día. Después me olvidé de él, así que al salir del comedor con mis nuevos amigos chinos-filipinos-californianos, encontrármelo en el patio fumando una pipa de agua con otros vagos matmatenses me tomó de sorpresa.
La cantinela empezó de vuelta; mis amigos y yo en el centro del patio, Mohamed sentado en el suelo.
-Ciao Maria, argentina, carina. Ti aspettabo...
-A me? Perché? Mohamed vai a dormire.
-No Maria, voglio stare insieme a te.
-No, adesso no.
-Perché?
-Perche sono molto stanca. Me ne vado a dormire.
-Maria! Tutto il tempo stanca! Vieni...
-Non voglio! No no no!
Hablábamos a los gritos, yo con los brazos en jarras, él gesticulando como loco. Mis amigos, que no entendían ni una palabra de italiano, sonreían, pero por lo bajo me preguntaban: Is everything ok, María?
Para finalizar el espectáculo, entre más palabrerío desbordante cometí el error de llamarlo Mustafá. Casi me mata; como si de verdad fuéramos italianos y él mi sagrado marido.
Fue una noche llena de risas, aunque cuando me metí en mi cueva estuve varios minutos constatando que el candado (mi habitación no tiene cerradura, se cierra con una cadena) estuviera bien cerrado.
A la mañana me fui temprano y no vi a Mohamed. Partí hacia el norte nuevamente, a instalarme por dos días en la rojo shocking Maison Doree. Otra vez un viaje larguísimo, esta vez en tren. En el trayecto dormí mucho, como si necesitara dar forma a una idea. Y sí, ya está: mañana me voy por el día a Bizerta, un pueblito de pescadores al norte de Túnez capital que quiero conocer. Y al día siguiente cruzo a Sicilia. Sí, quiero seguir explorando el Mediterráneo, esta vez hablando mi amado italiano.

2 comentarios:

Floro dijo...

Querida Viajera, si ante la falta de pares te sirve de consuelo, comparto y disfruto cada paso de tu aventura bereber desde mi nido.
Cuando cruces a Italia, y quieras compañía, respirá hondo, algo nuestro ha de seguir vagando por aquellos vientos. Te quiere,Floro.

sitclif dijo...

Hola Viajera, pequeñas historias y grandes búsquedas entre profundos silencios y variadas lenguas. Solitaria viajera al encuentro de otra mirada solitaria???!!! Claramente una de tus constantes vitales y uno de tus regalos más preciados! Beso enorme, Lau