31/5/08

Bizerta y sus gatos mojados

El norte de Túnez se extiende rico, sus montañas y valles cubiertos de trigo a punto de ser cosechado. A diferencia del resto del país, el norte hasta la frontera con Argelia es un enorme granero donde alternan huertas de frutales y extensiones aradas por donde circulan grandes tractores. El tren que me llevó a Bizerta, en vez de ir directo bordeando la costa, hizo una ‘S’ y me permitió descubrir esta otra cara de Túnez, un paisaje limpio, sin basura y miles de plásticos arrastrados por el viento. Aquí casi no hay pueblos, a lo sumo se ven campamentos rudimentarios de pastores que van de un lado a otro con sus rebaños de cabras y ovejas. El resto es el campo rojo, verde y dorado que se desbarranca en el mar.
Difícil explicar el color del Mediterráneo tunecino. En realidad no existe la palabra para describirlo. Habría que inventar alguna: zultintaturquesatransparenteverdeprofundocelesteintenso. Algo así.
Fui hasta Bizerta porque quería ver su puerto viejo, una laguna costera que los cartagineses conectaron hace cerca de 2000 años a través de un canal con el mar, convirtiéndolo en un sitio muy seguro. El lugar es fantástico, porque a medida que Bizerta creció, el puerto quedó rodeado por la medina y las murallas impresionantes que guardan la kasbah. El puerto es poco turístico –al menos en esta época- y fue un bálsamo para mi piel y mis pulmones resecos de tanto desierto y viento caliente. No hice otra cosa más que sentarme al sol con las piernas colgando de los muelles y sacar fotos a diestra y siniestra. Cada tanto grupos de chicos se zambullían y atravesaban el canal nadando, o hacían proezas tirándose desde lo alto de la muralla.
En Bizerta vive la mayor comunidad de gatos que he visto en mi vida. En realidad todo Túnez está invadido de gatos, pero acá son protagonistas de un tremendo espectáculo: los chicos, divertidos con hacer maldades, cada tanto agarran a alguno y lo arrojan al agua. El gato nada hasta la orilla desesperado, y los chicos, de pronto apiadados, lo secan con sus remeras y le hablan con cariño, como pidiéndole perdón por la travesura.

Alrededor del puerto hay algunos restaurantes sencillos donde preparan toda clase de pescados. A pesar de que detesto a los gatos y más cuando están mojados, semejante lugar me hizo desistir de mis almuerzos ahorrativos y me senté cual reina a disfrutar. El plato que me trajeron era la especialidad de la casa. Imagínense algo parecido a los chipirones o calamares cortados en tiritas finitas, grillados y después saltados en aceite de oliva. Me los trajeron espolvoreados con sal entrefina, acompañados por una típica ensalada tunecina, que lleva ajíes, huevo duro, aceitunas chiquitas, tomates y repollo. Qué mediodía glorioso. Aun sin una gota de alcohol (en Túnez, cómo en todos los países islámicos, sólo se venden bebidas alcohólicas en los hoteles 5 estrellas y en los restaurantes caros de las Zones Turistiques) terminé con los ojos entornados, cabeceando al sol, pensando en alguna tontería.
Volví a Túnez en loauge, apretadita entre marineros. Las calles de la ciudad latían llenas de gente. El atardecer era diáfano, como recién lavado, y la ciudad me pareció mucho más blanca y azul.
Mañana a la mañana parto por unos días a Sicilia. Sólo sé que llego a Palermo, el resto es una incógnita porque en Túnez no hay forma de conseguir una guía, y menos en inglés o español. No sé a dónde voy a dormir, a dónde voy a ir, tampoco qué quiero ver o hacer. Ya lo veré. Pero estoy fascinada. ¿Por qué? Porque no llego a Sicilia desde Europa; llego, como los cartagineses, como los árabes, a través del Mediterráneo.

PD: ¿Cómo explicar lo que significan los mails y comentarios que recibo? Floro, Ali, Cartoto, Tere, David, Lau, Patsy, Eva, Juan Carlos, Philip, Mariana Pelle, Carmen Varela, Miguel, Paco, Leo, Ana, Lorena, Sue, Jorge... Gente que conozco de toda al vida y personas desconocidas me acompañan en mi viaje. Cada una de sus palabras es un regocijo al final del día. ¡Mil gracias!

1 comentario:

Paco Piniella dijo...

¡Qué envidia!