1/2/08

Una foto para Fermín

El paisaje era rojo. Rojo tan intenso contra el cielo azul que detuve el auto en una explanada que balconeaba sobre el campo y me puse a sacar fotos. Eso era Castilla - La Mancha, una tierra roturada desde hace siglos hasta la extenuación, constantemente sedienta, dulcemente dolida. Qué distinta a mi tierra, pensé, qué poco es, qué humilde es, cuánto exhala la nada. A lo lejos vi cazadores y perros. Es que comenzaba la primavera. No sé cuánto tiempo estuve allí mirando el rojo, pensando que parecía que la tierra sangraba. Entonces sentí un ronroneo. No supe de dónde venía. Y como una película mal editada apareció un enorme tractor de la nada. Era azul, lo recuerdo. Lo miré como si de pronto hubiera descubierto un plato volador. Quedamos enfrentados, mi auto verde, la máquina azul. Opté por mirar hacia el campo a través de mi cámara y disimular. Del tractor bajó un hombre, se me acercó, me habló con una sonrisa.

-Buenos días señorita, ¿toma usted fotografías?
-Sí, el paisaje es precioso.
-Ha visto, señorita. Bonito.
-¿Está sembrando? ¿Qué siembra?
-Siembro cebada, ya voy terminando. Disculpe señorita, ¿podría pedirle un favor?
-¿Un favor? ¿Qué favor?
-¿Me toma usted una fotografía?

Usaba un mameluco y una chaqueta, toscos borceguíes y gorra. Era muy mayor, pero chispas de vida se le escapaban de los ojos.
-Mi nombre es Fermín, señorita, y hoy es mi último día en el campo. Me jubilo luego de muchos años de trabajo.
-¿Por eso quiere usted una foto?
-Para enviársela a mis hijos, para que la tengan de recuerdo.
-¿Y dónde están sus hijos Fermín?
-La niña en Cuenca, trabajando como enfermera. El mayor en Valencia, el menor en Madrid.
-Se le han ido lejos...
-Es que de aquí los jóvenes se marchan, ya no quieren labrar la tierra. Yo comencé a los doce años. Sin tractor, claro. Con mulo, sembrando y cosechando la 'rosa'.
Se rió cuando pregunté qué era la rosa.
-¿No lo sabe, señorita? Azafrán, ¡azafrán!

Le dije a Fermín que con enorme gusto le sacaría una foto.
-¿Podrá enviármela usted al pueblo de Valerio? Es aquí cerca, luego de aquel monte.
Le dije que sí, tomé mi cuaderno y apunté la dirección.
-¿Está listo, Fermín?
Fermín apuró el paso, subió al tractor, se quitó la gorra, sacó un peine de la luneta y se peinó con esmero mirándose en el espejito retrovisor. Luego volvió a bajar, se apoyó contra el tractor, adoptó una postura solemne y me dijo Ya, señorita.
Le saqué la foto, el paisaje rojo, su mameluco, su chaqueta y el enorme tractor. Meses después, ya en Buenos Aires, la pasé a papel y la metí en un sobre grande donde escribí:

Sr Fermín A.
Valerio, 1
Provincia de Cuenca
Castilla - La Mancha
España

Luego fui al correo y se la mandé.

En un par de semanas, Valerio se sacudiría la modorra de pueblo casi deshabitado y en la plaza, como antaño, habría revuelo: "¿Ya lo sabéis?", se dirían sus viejos vecinos queriendo dar la primicia. "Desde Argentina ha llegado un gran sobre con una foto de Fermín".

3 comentarios:

Argonauta dijo...

Querida María: Me encanta, ya lo sabes, como encuentras lo emocional y la poesía donde muchos no ven nada.

Por otra parte, conozco bien esos paisajes y sobre todo a aquellas gentes porque yo también soy manchego de nacimiento y allí transcurrieron los primeros años de mi vida.

Un beso, María.

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Qué lindo. Y más lindo aún que te hayas topado con Fermín en su último día de trabajo. Fuiste muy amable al enviarle la foto desde Bs As; no cualquiera tiene esos detalles con gente que no conoce.

Saludos.