11/1/07

Chocolate con churros

-¿Y está entubao?
-Sí, mujer, entubao entero, y no oye, ni ve, ni habla.
-Vaya mujer, que así acaberemos todos.

La conversación es entre dos mujeres acodadas en la barra apretada de la cafetería Marivi, en la calle de los Panaderos, a pasos de la popular Plaza Larga, en pleno barrio de Albayzín.

El desayuno en Granada es un acontecimiento social, tal vez porque después el calor arrecia y todos se quedan rumiando en la sombra de los patios hasta que baja el sol. Como en ninguna parte, las cafeterías granadinas están a las 9 de la mañana atestadas, llenas de bullicio, gritos y comandas que suelen ser de chocolate con churros. No es que la temperatura sea como para tomar semejante desayuno, pero al menos el termómetro recién ronda los 30 grados. Entonces se habla de todo, de lo bueno y de lo malo, de las alegrías y tristezas, de las noticias de ayer, de lo que tal vez pasará hoy. Y todo se conversa a los gritos, mezclando risotadas con susurros. Al fin y al cabo esto es Andalucía y la sangre que les corre por las venas a los sureños es estruendosa. Me encantan. Me siento a mis anchas con tanta expresividad.

El barrio morisco de Albayzín es una trepada de callecitas angostas entre casas blancas rebosantes de macetas. Desde allí se ve la fantástica Alhambra, Sierra Nevada y la vega chata del río Darro. Qué lugar. En realidad me tendría que haber ido ayer, pero decidí que todavía no, que me faltaba callejear, sentir a Granada un poco más. Creo que sé lo que me pasa, lo que busco, lo que quiero mirar y mirar...
Lo explico: Recién hace muy poco descubrí -maravillada, porque María del Carmen, de tan empalagoso no me gustaba nada- el origen de mi nombre.
Los Cármenes, me dijo mi amiga Chiky -una gaditana simpatiquísima, filóloga, que sabe mucho de Andalucía-, son los jardines cerrados, íntimos, secretos, ocultos tras tapias blancas que todavía abundan en el Albayzín de Granada. Son antiquísimos, fruto de la tradición mora. Solían ser privados, a veces compartidos entre varias familias, otras abiertos a todo el pueblo.

Los había riquísimos, perfumados y exóticos y también más humildes, simples huertas olorosas donde se cultivaban hierbas y flores. Pero siempre eran lugares de sosiego, sitios donde se disfrutaba del ocio, la lectura, el estudio, la conversación relajada y el placer.
Me acuerdo que fue hace más de un año, en un bar de Barcelona. Hablábamos las dos de la intrincada y fascinante historia de los árabes en España, tema que ya me tenía absolutamente obsesionada, y yo escuchaba a Chiky asombrada; de pronto descubría que mi nombre era azucarado de verdad y no porque sí: traducido del árabe significaba María del jardín o de la huerta.

A partir de ese momento decidí que tenía que ir a Granada, aunque recorrería el camino de los musulmanes tal cual había sido para entender tantos años de dominación, tanta tristeza al tener que dejar España, tanta negación por parte de los españoles que han querido borrar de su sangre la sangre musulmana. Iría primero a Marruecos, después al último reino mudéjar en España: Granada.
Y aquí estoy, me he recorrido todas las callejuelas, descubierto y fotografiado todos los cármenes: estoy encantada. Entiendo que los moros hayan amado esta tierra, que aunque es seca, es un vergel comparado con Marruecos. Cómo habrán llorado al irse... Difícil dejar esta ciudad blanca, estrechita y tortuosa bajo la gran Sierra Nevada.

Esta tarde, cuando se apacigüen los 44 grados de calor (44 de verdad, no exagero) voy a volver a subir a La Alhambra. Volveré a pagar la entrada, no importa, necesito imaginar lo que habrá sentido Boabdil, el último rey moro, al contemplar desde su palacio la puesta del sol antes de abandonar Granada.

1 comentario:

Leo dijo...

Hola Maria.Tiempo sin contactarte, pero que sepas que me dedico, cuando puedo, a leer todas tus entradas de este fantástico blog. Y, ¿como no?, no podía faltar Granada que acabno de leer ahora. Ni mi esposa ni yo somos de allí, pero no me digas porque hemos acabado comprándonos una casita en Cenes. Bueno, la verdad es que ahora que ya la pisamos con asiduidad y que podemos ir por sitios que nunca habíamos descubierto, Granada es, para nosotros, el sitio perfecto donde recogernos de vez en cuando. La nieve, los jardines, las tapas y sobre todo la Alhambra hace que no nos sobre nada de esa maravillosa ciudad.
Un cariñoso saludo para ti.