27/11/07

People

Gente, gente, gente... Gente que anda dando vueltas por el mundo sin saber muy bien por qué, buscando qué, queriendo encontrar qué. Podría describirla también como curiosa, pero el Diccionario de la Real Academia dice que la curiosidad es el “deseo de alguien de saber lo que no le concierne... o el vicio que lleva a alguien a inquirir lo que no debiera importarle”. Fuck off con la Academia. ¿Dónde está escrito lo que a uno le concierne y lo que no? La Real Academia no lo aclara.
Más allá de etimologías o significados, los viajeros que andan solos suelen ser pocos y muy interesantes. Sean hombre o mujer, más o menos cultos, vivan de lo que vivan, vengan de donde vengan, todos son buscadores, buceadores. Y la mayoría tiene buenas historias para contar o profundos secretos para guardar.
Algunos, después de recorrer incontables países y regiones, de pronto se instalan en algún lugar lejos de su terruño. Pero siguen siendo eternos viajeros; saben que son livianos, que no mover un pie nunca más, o echarse a andar otra vez, es cuestión, solamente, de elección. Ése es el caso del italiano Cosimo, el dueño del hotelito Dar Terrae. Tiene 47 años, ha aprendido a hablar marroquí y cuando hace frío usa una chilaba. Como es morocho, de Lecce, muy al sur de Italia, parece un bereber. Su casa es una maravilla, absolutamente marroquí, sin embargo cuando te quedás a cenar en el hotel te prepara unos spaghetti de mamma mía. Es más, como no es musulmán se ha abastecido de un chianti fabuloso para que disfrutes como Dios manda de su pasta llena de ajo y tomate. ¿Por qué Cosimo eligió instalarse en Chaouen? No lo sé, es parte de su encanto, de su ser distinto.
Bilal es su hijo, pero de casualidad me enteré que es adoptivo. Bilal debe tener 21 ó 22 años, nació en Chaouen, habla bereber y español a la perfección y es un devoto musulmán. ¿Cómo fue que Cosimo adoptó a Bilal? Tampoco lo sé, pero pagaría por averiguarlo. Bilal llama ‘Cosimo’ a su padre y trabaja codo a codo en el hotel con él. Cosimo lo vive retando: quiere que inicie los trámites para sacar el pasaporte italiano. Bilal se ríe –tiene una eterna y maravillosa sonrisa- y le dice Cosimo, Cosimo, todo a su tiempo, ya pronto lo haré.
Si Cosimo es el personaje de ‘carácter’ de Dar Terrae, Bilal es como un manojo de campanillas. Es más, a la tarde se junta con sus amigos en el salón, tocan el tam-tam y cantan todos juntos. Antes que anochezca pasan a los CDS y entonces el hotelito queda al borde del descontrol: suena la música –absolutamente heterogénea, desde Hotel Costes o Gare du Nord, hasta salsa y regatón- y la casita de la medina parece una mini discoteca. Pero las ganas de bailar se apaciguan pronto. Algunos alojados más formales se asoman a sus terrazas con cara de desaprobación, aunque el frío los ahuyenta en seguida y todos vuelven a sus habitaciones con las chimeneas encendidas.
Como el hotel es pequeñito, típica casa cuadrada de tres pisos con un patio central, frente a mi cuarto los tengo a Peter (diestro armador de porros de hachís) y a su novia. Ella, lindísima, parece muda, pero Peter, que es de Newcastle, cerca de Edimburgo, -¡yo pasé por allí hace menos de un mes!- me charla de balcón a balcón. Es un viajero muy especial: hace una semana que está en Chaouen y prácticamente no ha salido de su habitación. No es que se las pasa retozando con su novia, sino que se sienta en el balcón y lee. Lee toneladas, varios libros a la vez. ¿Qué lee? Libros de astronomía y física. Creo que Peter, además de guapísimo, porrero y muy dulce, está medio loco.

Gente, gente que viaja y vive entre gente de una cultura tan diferente: la árabe islámica. Marruecos es el típico país del tercer mundo: tiene algunos millonarios, una clase media de universitarios y profesionales y una enorme masa de gente que lucha por sobrevivir. La brecha es más grande de lo que uno puede imaginar. A esta altura, creo que insalvable. Da pavor lo que cuesta a millones de personas la subsistencia; vuelvo a repetir que no entiendo cómo el mundo sigue dando vueltas sin estallar.
Exótico, atrapante, hipnótico, pero a la vez muy pobre, las sensaciones en Marruecos se superponen y muchas veces una no sabe si maravillarse o llorar.
Para explicar a qué me refiero, en mi próximo post ya no contaré sobre mi adorada y azul Chaouen sino que escribiré sobre Tetuán.

5 comentarios:

Floro dijo...

Cosimo.., Cosimo.., es la segunda vez que escucho ese nombre. La primera me remite a " El Barón Rampante". En aquel genial relato, Calvino nos cuenta las peripecias de un joven que, insatisfecho con su vida, decide pasar el resto de sus días en la copa de los árboles para no volver a pisar tierra. ¿Puede ser éste segundo Cosimo un alter ego del primero? ¿Puede un nombre signar un destino? Salúd, querida viajera, Floro.

Ser Viajera dijo...

Claro! De ahí era que el nombre del italiano me sonaba tanto... No sé si era el alter ego del de Calvino, pero este Cosimo era tan -o más- misterioso y seductor. Livianos, aunque profundos, eran los dos.
Bacci Dóctor

paula aranoa dijo...

Canaca, que loco todo esto que contas!...tu forma de contar hace que uno se pueda trasladar aunque sea un poquito a estos lugares tan diferentes...casi lo puedo ver a Richard leyendo , su novia muda,al italiano, y su hijo musulaman...todos esos personajes ...
Dejo por un rato los "dictations", "history", "matematicas" o lo que sea, de los chicos ( estan con sus examenes finales) y viajo un rato con vos. Y me encanta, de verdad me parece estar ahi...
Gracias a Dios, los trimestrales terminaron!!..Los chicos ya duermen!! y me dispongo a leer, este es mi momento...
Te mando un beso.

Ser Viajera dijo...

Paula! Qué lindo tu mail! No sabés lo que me gusta estar tan lejos y de pronto leer a alguien familiar. Es maravilloso además que lo disfrutes, porque en realidad yo escribo para que todos viajen conmigo.
Me encanta que después de dictations, history y matemática, y horripilantes trimestrales (qué horror! por suerte yo ya los pasé!!!) te traslades a Marruecos por un ratito.
un beso enorme
Cana

Argonauta dijo...

Comparto tu pasión por la gente y especialmente por los auténticos viajeros (muy distintos a los turistas). Es lo que más me gusta de los viajes.

Saludos desde el Mediterráneo.