12/11/07

Chocolate

I’m eating chocolate. Mucho. Con almendras, con nueces, con trocitos de naranja, con pistaccio, con leche, dark, muy dark. En suma: lo que venga, con tal de recobrar energía y darle a mi cuerpo un poco de calor.
De Londres tengo tanto para contar. Pero se me han juntado historias y kilómetros y no puedo parar. Resumiendo: una semana en la shared house de mi hija Frani, salidas sola a lo largo del Thames (que está divinísimo), caminatas por el Soho, almuerzos por 5 pounds en el barrio chino, robo de información en la sección ‘Travel’ de las librerías cerca de Tottenham Court, compra de ganchitos para las cortinas del cuarto de Fran en John Lewis, millones de fotos otoñales en los parques (St James Park, Green Park, Hide Park), chocolate, una boina nueva, más chocolate, tea en New Bond Street como si fuera una princesa y la fantástica marea humana del underground o el bus hasta New Cross Gate.
Y otras veces con Frani, que no para ni un minuto: edita, crea, lee, piensa, escribe, inventa... Pero durante el fin de semana se hace un hueco y nos vamos por ahí, siempre caminando. De New Cross Gate al mercado junk de Deptford; desde ahí, bordeando un canal que va hacia el Thames, al espectacular mercado vintage de Greenwitch. Me compro un tapado de tweed con cuello de piel de zorro de los años 60, me transformo en una actriz alemana del cine en blanco y negro, almorzamos rodeadas de ingleses, caminamos por el impresionante Greenwitch College, llegamos al río, volvemos hasta el mercado de comidas de Southwark en barco.
Fuimos al teatro también. Y a un pub antes y después. Y el domingo partimos Fran, su amiga Nico, su pretendiente sudafricano y un amigo francés que trabaja para la BBC a dar vueltas por ahí. El itinerario dominguero empezó en London Bridge. De ahí a la feria de Bricklane. Siguió por Columbia Market, el mercado de las flores, Nico y yo con enormes bunches rematados a última hora por sólo 5 pounds. Terminamos almorzando el tradicional Roast de los sundays en una típica taberna de Broadway Market, Fran, la encantadora Nico, su sudafricano tan enamorado, el francés de la BBC y yo.

Mil cosas más, pero me apura el lunes siguiente, cuando me subí a un tren tempranísimo y me fui a Edinburgh –pronúnciese ‘Edimbra’- con una mochilita que me prestó Fran llena de ropa de lana.
Una semana dando vueltas por Escocia. Qué frío. No saben los chocolates que tuve que comer. Les cuento pronto.

3 comentarios:

felipe dijo...

Flaquita quiero FOTO co pelo corto no agunto mas la intriga por favor
beso

Floro dijo...

Queridísima Viajera,
Cada uno de tus relatos me conmueve. De alguna menera, desde mi inmovilidad nos hermanamos en la kinesis, la mudanza, la búsqueda que se nutre en si misma.
Londres me ha marcado desde niño, mis primeros amigos fueron ingleses, mi jardín de infantes fue inglés, mi primer música fue inglesa, mi primer lectura fue Dickens. Londres me ha esperado desde siempre, y allí hube de recalar en distintas etapas tan iguales entre sí. Deportista, adolescente, marido, padre, la ciudad de los contrastes culturales siempre me ha hecho sentir cómodo, en casa. Tuve la dicha de mostrarles ese hogar lejano a mi mujer y mis hijos, lo hicieron suyo. Se enamoraron de su maravillosa escala humana, de su pasión por mantener a ultranza sus tradiciones sin dejar la vanguardia más extraordinaria e influyente de occidente, de su capacidad descomunal para interactuar con quien sea y nutrirse sin perder un ápice de identidad. Londres representa como ninguna otra ciudad que yo conozca la condición humana, donde la complejidad y la simpleza alcanzan su máxima expresión para confluir en unidad mágica y misteriosa. Que la disfrutes , mi querida Viajera.

Ser Viajera dijo...

Querido dóctor (digo bien:dÓctor)Varela...
Uno quiere a los lugares por lo que transmiten otros. Vos y tu viaje fabuloso con tu familia forman parte de la pequeña manada que me hizo desear con el alma andar dando vueltas por acá.
Un beso gigante,
Cana