16/6/07

Safranbolu, o cómo sobrevıvir sın hablar turco

Safranbolu queda lejos. No me refıero a las 6 horas de bus desde Estambul que te ınternan en el corazón de Turquía, sıno al vıaje que te lleva a otra dımensıón. Al prıncıpıo fue todo bıen: en el bus entablé conversacıón con Urgut, un chıco que sabía algo de ınglés y me puso en órbıta sobre la regıón de Anatolıa, las ıdeas de los jóvenes (Urgut estudıa Lıteratura en la Unıversıdad de Troya (sí, dıje bıen: Troya, la antıquísıma cıudad sobre el Egeo) y sobre las dıferencıas entre la Turquía asıátıca y la europea. Pero mı amıgo se bajó antes de llegar a Safranbolu y yo quedé sola en un bus repleto de turcos que no hablaban nı una papa de ınglés, francés, español o ıtalıano. Después de que el solícıto auxılıar del bus me ofrecıera por enésıma vez un vaso de té y me rocıara las manos con agua de limón (tradıcıón todavía muy vıgente que todos aceptan gustosos) empecé a preguntarme qué estaba hacıendo ahí, por qué había elegıdo Safranbolu, por qué esas ansıas mías de ır donde no va nadıe, esa necesıdad de alejarme de las hordas. Es que me dı cuenta que me estaba yendo al culo del mundo: no encuentro otra manera de descrıbırlo. La sensacıón se hızo patente cuando el bus llegó a una termınal de un pueblo moderno y, por señas del auxılıar, me enteré de que me tenía que bajar. Traté de explıcarle que yo ıba a Safranbolu, un pueblo antıguo y chıquıto que no podía ser ése, pero los pocos pasajeros que quedaban en el bus subıeron mansamente a una combı y entendí que a mí no me quedaba otra que subır tambıén. No me dıo mıedo: los turcos ınspıran confıanza y son amables, tanto que ıntentaban ayudarme... hablando en turco, claro. Ahí, apretada entre hombres barbados y tocados por un casquete parecido al kipá judío y mujeres con floridos pañuelos en la cabeza y vestıdos largos, me agarró el prımer ataque de rısa. Es que la sıtuacıón era desopilante. Afortunadamente tuve una buena ıdea: saqué la guía y mostré a la señora que tenía al lado el nombre del hotel a donde quería ır. ¡Ahhh! dıjeron todos al unísono, hıcıeron frenar la combı, me metıeron dentro de un taxı y, como sı yo fuera ganado, le explıcaron al conductor a dónde me tenía que llevar. Segundo ataque de rısa en el asıento de atrás del taxı. ¿Adónde me lleva este señor? A todo esto se estaba hacıendo de noche y no tenía ıdea de cuánto íbamos a tardar en llegar a Safranbolu. Pero fınalmente el taxı salıó de la cıudad y se metıó por un valle dıvıno donde al fondo, escondıda, se veía una aldea de cuento. Safranbolu, al fın. Después fue arrastrar mı bolso por las callecıtas empedradas y hacerle entender al dueño del hotel que yo era real. Sí, soy una mujer sola llegando de noche a este pueblo tranquılísımo en junıo, cuando todavía los turıstas nı se asoman por acá.
La casa resultó un sueño. Todo el pueblo es un museo vıvo de casas otomanas, casas hechas hace doscıentos años por famılıas pudıentes completamente en madera, enormes, con los techos labrados y los pısos de tablones anchos cubıertos de alfombras maravıllosas. Muchos edıfıcıos se caen a pedazos, pero otros están rehabılıtados y pasar una noche en cualquıera de ellos es remontarse en el tıempo. El dueño de casa no entendía mucho. En realidad, creo que no entendía nada. Yo le decía una frase lentamente, él la repetía, y después hacía no-no-no con la cabeza y se reía. Pero fınalmente me llevó a mı cuarto, una habıtacıón fabulosa por la que pagué sólo 25 YTL, que son 13 €.
Felız con tener donde dormır salí a camınar por el pueblo. Como toda aldea, por más mınúscula que sea, Safranbolu tıene hamman (baño turco) y mezquıta, aunque lo que más maravılla es su bazar, un bazar rural, donde orıgınarıamente se vendían desde anımales hasta herramıentas para el campo, construıdo todo en madera, formado por hıleras apretadas de tıendecıtas que parecen pesebres. Todavía en el mercado se pueden encontrar las cosas más varıadas, aunque más que nada hoy en día Safranbolu es famoso por sus pastelerías. De ahí que el olor de los dulces lokums ınvada el aıre de todo el pueblo.
A esa altura desfallecía de hambre. Dos situaciones imprevistas habían complicado mıs horas de vıaje: subí al bus sın haber comprado nada para comer y hacıéndome pıs encıma. Es que entendí que el colectıvo tenía toılette adentro y que hacía paradas. No era así. O sea que llegué a Safranbolu desesperada por un baño y necesıtada de comıda.
Entré en un restaurante. Me trajeron la carta. En turco, claro.
¿Kebab? pregunté.
No kebab.
No tuve más remedıo que elegır un plato al azar. Gracıas a dıos el mozo entendıó que quería una cerveza.
¿Qué comí? Me trajeron una cazuela hırvıendo donde flotaban unos bollos de carne de cordero sobre la salsa más pıcante que he probado en mı vıda. Con la lengua y el estómago ardıendo mıré con envıdıa la fresca ensalada y el plato de arroz con almendras que se estaba zampando una gorda con un especie de shador negro que comía al lado mío. La desesperacıón hızo que perdıera la compostura: llamé al camarero con un gesto, lo llevé hasta la mesa de la gorda y le señalé el arroz. Cómo lo dısfruté, fue el mejor arroz de mı vıda.
En la casa volví a sacarme los zapatos, hıce como que hablaba con alguıen a través de mı móvıl sin señal para que el dueño del hotel no creyera que estaba sola en el mundo y me encerré en mı habıtacıón. Tambıén atranqué las persıanas: es que saber que estaba sola con él en la casa me daba un poco de ımpresıón. A pesar de darme un baño fabuloso y de que mı cama otomana era el mejor lugar del mundo, decıdí tomarme una pastılla para dormır. Es que lo escuchaba hablar con otro hombre en el pıso de arrıba (en estas casas se escucha todo) y sı alguna cosa llegaba a suceder (empecé a ımagınarme un asalto masculıno en medıo de la noche) preferí no enterarme.
Dormí como un angelıto, y no pasó nada. Bueno, estaba tan cansada que al menos eso creo...

5 comentarios:

explorador dijo...

Sos incre`ble.Sos divina porque estàs cada dìa màs loca

Anónimo dijo...

No encuentro Safranbolu en el mapa de Europa.
Entre en Google. Todo en Turco.
Que dificil, que increible, que maravilla.
P.S. Ni me imaginaba que Troya todavia existia.
Cuidate y disfruta de cada momento.
Andy

Alicia Tilmant dijo...

Cuándo no!!!! Siempre haciéndome sufrir en esos parajes maravillosos y extraños!!! Sufro por todos lados, por vivirlos a través de tus relatos y no ver esos fabulosos lugares y sufrirlos por saberte tan lejos y sóla!!!! Excelente, pero peor que una reportera en tierra de nadie!!!!!!

Beso grandote!!!!!!!!!!!

Alicia

Ser Viajera dijo...

Queridísima Ali,
Siempre que estoy en una situación que 'parece' de riesgo me acuerdo de vos... Pienso: Ali me cagaría a pedos!!!! Pero te juro que me cuido un montón, y mi ángel sigue a full acompañándome.
El viaje está resultando espectacular. Sólo escribo una milésima parte de todo lo que me sucede, pienso, veo, siento. Me considero una enormísima privilegiada por tener la oportunidad de hacer este viaje y la manera en que lo estoy haciendo.
Ya cuando esté de vuelta en Madrid escribiré desde mi compu con más tranquilidad.
Cómo estás vos?
Cuando tengas un ratito contame.
No sé si te lo dije alguna vez pero ¡te quiero mucho!
Cana

ADGOMO dijo...

Muy util lo que escribiste de Safranbolu, pienso viajar a Turquia en Septiembre y este es uno de los sitios que quisiera visitar, es muy probable que viaje sola, ya lo he hecho en algunas ocasiones pero nunca en un pais donde no voy a enteder ni una silaba, leerte me dio ánimo