25/6/07

Mi amigo Ali

Tomar el desayuno bajo el gran faro blanco que anuncia el estrecho de Bósforo no está nada mal. Sobre todo cuando es el último día en Estambul, el sol resplandece en el cielo y un viento liviano llena de ondas el mar.
Acepté la invitación de Alí, y en vez de tomar el singular desayuno turco en la terraza del Side, lo disfruté sentada en una mesa con inmaculado mantel blanco frente al Mármara. De todas maneras el desayuno no varió: café o té, pan, y un plato enorme donde conviven pepinos picados, ajíes verdes, tomates, un huevo frito, sandía, queso de cabra, miel y mermelada. Una mezcla rarísima a la que ya me acostumbré y que devoro con fruición.

Irse de Turquía: qué desgarro. La sensación fue desde temprano casi de desesperada: sentía que en las horas que me quedaban antes de abandonar Estambul tenía que exprimir hasta la última gota la ciudad, tomarme todo su jugo, llevármelo todo en los ojos, en mi olfato, en mis oídos. Mi idea era deambular sola, a mi aire, volver a los sitios donde había estado los primeros días. Pero Ali, que apareció con jeans, zapatillas y una camisa sin cuello de lino blanco, desde el vamos dejó muy en claro que después del desayuno no pensaba ir a trabajar. Y que alguien me diga cómo decirle que no a las propuestas de un turco híper caballero y servicial...
Así que me dejé llevar y mi amigo terminó siendo mi guía durante toda la última mañana. Tener a un estambulí de pura cepa (aunque Ali no es el típico turco morocho y de piel aceitunada; es alto, medio rubio y tiene la piel blanca) a tu disposición en Estambul es un lujo como pocos. Nadie trata de venderte cosas en la calle, te hace de traductor, logra que te dejen entrar en la mezquita más antigua de la ciudad -Santa Sofía ‘la pequeña’-, consigue un chal para que te cubras los hombros y la cabeza y te explica paso a paso en qué consisten los ritos musulmanes dentro de la mezquita, tomás tés en teterías donde sola no hubieras entrado, te lleva a conocer el mejor hamman de Sultanahmet, te guía por callejones hasta el Gran Bazzar, te enseña cómo recorrerlo sin perderte, te presenta amigos en el camino, te ayuda a jugar mano a mano en el gran arte turco del regateo, y te cuenta tantas historias de los sitios por donde andás que el deseo de perder el avión y no irte jamás empieza a crecer y crecer. Pero hasta en eso pude descansar en Ali: temprano me anunció que me llevaría en auto hasta el aeropuerto, de ninguna manera iba a dejar que fuera en tram y metro.
Después de dar mil vueltas y tomar té en las profundidades del Gran Bazaar, mi amigo se fue a la mezquita a orar. Yo me quedé mirando las gaviotas (no hay nada más sugestivo que las gaviotas sobrevolando esta ciudad) y el incesante ir y venir de los barcos y cargueros por el Cuerno de Oro desde el puente de Galata. A la media hora, con cara de santo, Ali volvió a aparecer. La siguiente aventura fue almorzar kebabs en un típico y escondido restaurante estambulí. Llegar hasta el lugar fue como introducirse en un laberinto: si me hubieran dejado sola allí jamás hubiera podido salir. En la ‘lokanta’ Alí se encontró con un par de amigos. La verdad es que me sentía extraterrestre, o más bien un poco indiscreta. No porque me sintiera incómoda, al contrario, sino porque me había sumergido en un mundo absolutamente privado y yo lo estaba observando a mi antojo. Sentía que estaba en el corazón de Estambul, un Estambul hecho sólo de estambulíes.
Finalmente llegó la hora: después de caminar 5 horas por la vieja ciudad me subí en el auto de Ali y partimos hacia el aeropuerto. Como despedida, bordeamos el Mármara, que a esa hora tenía un color plomizo y un brillo como de plata.

Machistas, dominantes, seductores, casanovas, así describen a los hombres turcos. No tengo idea de cómo serán en una relación de pareja, como novios o como maridos. Lo cierto es que no recuerdo a nadie tan atento como Ali. Empecé a imaginarme una vida así de cómoda, con alguien que siempre te lleva las cosas, te guía de un lado al otro, calcula la hora por vos y hasta te hace el check in para que no tengas que lidiar con el inentendible turco de la mujer del counter. En un momento me pregunté cuándo me quedaría sola, cuándo nos despediríamos, porque hasta parecía que Ali iba a hacer Inmigraciones y se subiría al avión conmigo. Pero hubo un momento en que obviamente ya no lo dejaron avanzar y nos despedimos. Yo entré en la dimensión pre-vuelo, acomodé mi mochila, compré agua, fui al baño, controlé que tuviera todos mis bártulos en orden. Al rato se me ocurrió mirar a través de los vidrios de la sala de embarque. Allí seguía mi querido amigo Ali, controlándolo todo, diciéndome adiós con la mano.

¿Qué queda de todo esto?
Así, de primera impresión, tengo un amigo en Estambul que me ha prometido un fin de semana en las playas del Egeo cerca de Troya, un lugar donde dormir todas las veces que vuelva de visita, un traductor y compañero de viaje si quiero desde Estambul ir a Rusia, a Georgia, a Bulgaria, a Siria...

Tengo el gusto intenso de Turquía en la boca, sé que lo saborearé durante mucho tiempo, aunque ya, como si me hubieran hechizado, no dejo de pensar en el fascinante Este que se abre inmenso más allá de Estambul.

14 comentarios:

mila dijo...

fuiste a plumas verdes en turquia ??????
me lo super recomendaron !!!!!
bessssoss,mila

Ser Viajera dijo...

Sí!!!
No sabés lo que es el lugar... Después te cuento... Cuando me llames guachita!!
besosss
Cana

Alicia Tilmant dijo...

Qué fuerte!!!!!!

lucila quiroga de cooper dijo...

Querida Cana

Te agradezco profundamente haber compartido conmigo este viaje delicioso a Turquia, y te digo una vez mas que envidio profundamente el don del relato que tenes, envidia sana, voy a extrañarla tanto como vos ( a Turquia, claro). Como hago para ver las fotos? Porque por ahora esta todo en la imaginacion de acuerdo a tus descripciones pero me encantaria ver como es realmente, cuando puedas mandame alguna!
Te mando un beso grande y espero el proximo destino anciosamente!!! Te quiere Luli.

Ser Viajera dijo...

Merhaba Luli!
Sos una divina!
Muchas gracias por lo que me decís, para mí es un regalo que disfrutes conmigo!!
Las fotos están absolutamente geniales y tengo un montón; recién las vi ayer, cuando llegué a Madrid, así que en cuanto pueda las voy a colgar todas en Serviajera. Yo también muero de ganas de verlas ordenadas en la página. Quiero mostrarlas, compartirlas con todos!!!
Ni bien estén más vale que te aviso!!!!!!!
un beso muy grande y gracias otra vez
Cana

Angueto dijo...

Querida Cana... o Chinese Latina. Es muy difícil explicarte con palabras todo lo que me pasa cuando te leo. Imagenes, colores, sabores, texturas, olores, sonidos, sensaciones... todo, todo entra por mis ojos y va directo a mi cuerpo. En cada paso que das me siento al lado tuyo. Siento que me llevas de la mano a recorrer esos lugares maravillosos, igual que Peter Pan llevaba a los suyos. Gracias por llevarme a volar!
Te mando un beso enorme y hasta el próximo vuelo!!
Angueto.

Ser Viajera dijo...

Merda Angueto, me has heho emocionar...
Lo que me decís lo voy a enmarcar y llevarlo siempre conmigo, así cuando me agarra un bajón tus palabras me levantan el ánimo y la autoestima.
Aunque ya bastante grande, tengo la enorme fortuna de haberme dado cuenta por dónde iba mi camino. Soy una comunicadora innata, no hay nada que hacerle. Lo haga bien o mal, lo que me importa es contar. Pero como siempre digo, ahí es donde aparece, ireemplazable, el otro. Si no está ése que me lee, ése al que le puedo contar, mi vida, te juro, tendría muy poco sentido. Así de fuerte es la necesidad de escribir.
Mil gracias primo, me encanta que hayas salido del peldaño lejano de 'primo chiquito' donde te tenía ubicado y que estés conmigo.
Un beso gigante
Cana

ALE dijo...

Que lo parió, me imagino el final de una pelicula de James Bond, cuando temina con la protagonista en el culo del mundo con algún turco que les trae un trago a cada uno y ..............
Besos Ale

Vero dijo...

Cana, menudo viaje!!!!!!!!!!!!!!!! Que ganas de ir a Turquia... aunque despues de leer todas tus cronicas seguidas, una detras de otra, es como si ya hubiera estado un poquito... No me extraña que te quedaras mas tiempo... de hecho, aun dudo si habras vuelto. Sigue viajando! Besos
Vero

Ser Viajera dijo...

.......yyyy???????????? Cuánta imaginación Ale!!!!!!!!!!!!! jajajajaja
besos
Cana

Al - K - lina dijo...

Yo también quiero tener miles de historias como estas para contar. Solo puedo decir: wow.

JAVIER ADAN dijo...

Una estupenda narrativa. Me ha encantado. Enhorabuena.

Adriana Carolina dijo...

Selam SerViajera! Nasilin?

Acabo de regresar hace un mes de Estambul y pude vivir una experiencia muy parecida a la tuya. Me topé con tu blog porque buscaba más fotos de la ciudad...

La experiencia que relatas me hizo revivir muchísimas de las cosas que viví. Estambul te hechiza, y es la magia de sus calles, las fragancias del ambiente, la majestuosidad de sus construcciones, lo impredescible del Bósforo... todo te envuelve hasta que queda una parte de ti que jamás regresa contigo... Se queda viviendo en esa misteriosa y única ciudad...

Si regresas, sabes que cuentas con una compañera de viaje que estaría más que dispuesta a volver, porque solo el que ha estado, sabe lo que significa...

Güle güle.
Adriana.

Mely dijo...

¡¡Me encantó tu relato!! Qué genial debe ser viajar hacia allá...

Muchos saludos.