19/9/05

Luna llena sobre Split

Acabo de llegar a Split, una ciudad sobre el Adriático alucinante. Aquí está el palacio de Dioclesiano, el legado romano más impresionante y fastuoso mejor conservado del mundo. Llegué vía Zagreb a las 9 y media de la noche, luna llenísima, incomparable sobre el mar. Las calles son de mármol y resplandecen aun de noche, difícil explicar la magnitud del palacio, que por otro lado está abierto, es parte de la ciudad, medio habitado, medio desmoronado, lleno de bares y lugarcitos con un aire muy particular.

Cuando bajé del tren estaba preparada para lo que me habían contado que iba a suceder: se me avalanzaron 50 personas hablando pésimo inglés ofreciéndome un lugar donde dormir. Me agarró un susto tremendo, ya era tarde y no sabía con quién irme. Vi a tres backpackers que se iban con una mujer y les pedí acoplarme a ellos. Así que terminé instalada en la casa de la hermana de esta mujer, una croata que no habla ni mu de inglés, en su cuarto matrimonial (tengo la sensación de que la mujer es viuda, seguramente le mataron al marido en la guerra), compartiendo baño con la familia. La casa está al lado del Palacio, mi ángel está con todas las luces prendidas.
Recién ahora, por fin, tengo la sensación de que estoy en el Este europeo. Ahora sí, el aroma de la noche, las callecitas, la música, la casa decorada como en los años 60 de la viuda, el comunismo presente todavía en mil detalles, la terrible imposibilidad de comunircarme, me dicen que estoy en otro mundo. Acá finalmente es todo más barato. Por el cuarto pago 19 euros, que son 140 kunas.

Durante la mañana de hoy tuve uno de esos encuentros inolvidables. En el viejo tren que me llevaba de Lijbiuana (capital de Eslovenia) a Zagreb -lleno de policías vestidos como en el Agente de Cipol, compartimentado, con un largo pasillo a un lado y estufas de kerosene quemando humo negro y mucho olor- entablé conversación con un chico nacido en un ciudad pequeñita croata pegada a Serbia, un divino de 25 años recién recibido de médico. La cuestión es que mientras duró el viaje me puso al tanto de la historia, costumbres y pensamiento croata, y cuando llegamos a Zagreb (yo tenía que esperar tres horas a que saliera el tren a Split) decidió que se bajaba conmigo para mostrarme la ciudad. Así que en Zagreb tuve un guía local de lujo que me llevó de aquí para allá contándome de todo un poco. Después me invitó a comer calamaris con salsa tartar y cerveza, volvimos a la estación, él se fue corriendo a tomar su tren y yo el mío. Lo más increíble es que hablamos sin parar, nos contamos intimidades y secretos, nos reímos y disfrutamos estando juntos. Y lo único que se de él es que se llama Karlo. Nos despedimos sin darnos ni la más mínima seña, ni mails, ni teléfonos ni nada, sólo con un enorme y largo abrazo... Oh God, otro personaje maravilloso enviado por el universo... Otra vez la sensación de las estrellas fugaces que se acercan por algun misterioso motivo y luego continuan su camino...
Karlo corrió a su tren, yo corrí al mío. Cuando me di cuenta de que estaba otra vez sola y que él se había perdido entre los millones de personas que pueblan la Tierra me puse a llorar, lloré como una Magdalena, lloré y lloré, no podía parar.

Karlo, Karlo, Karlo... Karlo me ha marcado el rumbo, me dijo: don´t waste your time María, go south. Hasta ayer yo no había decidido hacia adónde ir, ahora sé que tengo que buscar el sol, el mar y la antigüedad. La comprobación de que estoy en el camino correcto me la dio el sunset rojizo desde el tren después de dos días de lluvia y frío, y después la luna llena sobre el puerto de Split.
Estoy fascinada, ahora sí. El viaje ya se va encaminando, por lo menos tiene un rumbo: el Sur. Si puedo, me encantaria llegar hasta Kotor, en Montenegro.
Todo dependerá de qué pasa mañana y pasado mañana y así y así y así.

2 comentarios:

enalgunpunto dijo...

Hermoso post, me ha emocionado profundamente.

Valkiria dijo...

Qué bien que aún en este mundo hayan personas con el alma pura que no dudan ni por un segundo en ayudar (o guiar) a un completo desconocido. Excelente.